La montaña rusa del Atanasio: rojos de la dicha y verdes del susto

La montaña rusa del Atanasio: rojos de la dicha y verdes del susto

Con goles, emociones y diversión de los dos equipos concluyó un nuevo partido entre DIM y Nacional.

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Nacional-Medellín

El duelo en el Atanasio tuvo muchos matices.

Foto: Jaiver Nieto/CEET

17 de marzo 2019 , 09:07 a.m.

El clásico antioqueño se caracterizó por ser una ‘montaña rusa’ de emociones. Con la deuda pendiente de ser efectivo, los verdolagas salieron a marcar desde el primer minuto, mientras que Medellín le sigue costando entrar a los partidos. Esta vez fueron 7 minutos, para que el rojo inquietara la portería de José Cuadrado.

El ritmo de juego lo proponía Nacional hasta el gol en el minuto 19, donde Helibelton Palacios demostró porqué es un lateral de Selección Colombia, realizó un enganche y por poco anota. Luego, el uruguayo Pablo Ceppelini aprovechó el rebote para marcar un gol que por merecimientos, lo lograba la ‘visita’.

Como la atracción mecánica, que va de picos a valles, así fue el trámite del encuentro, Nacional comenzó a cederle la pelota al Medellín y el poderoso terminó la etapa inicial con su ‘talismán del gol’ Germán Cano, quien cada vez se acerca al gol 100 con la divisa ‘poderosa’.

La tribuna, fue presa de las emociones, los cánticos de uno, los silbidos de otros, los 33.751 aficionados eran el termómetro de un espectáculo digno de clásico. Un detalle no menor, pocos amonestados, hubo más juego y menos protesta, más disfrute y menos corte. El júbilo se sentía en el ambiente y eso caracterizan partidos apartes donde se juegan más que tres puntos.

En el segundo tiempo, volvía el asenso en la atracción, peldaño a peldaño, el verde volvía a tomar el control y a pocos minutos, llegó el gol de Yerson Candelo, un grito de revancha, de saldar cuentas pendientes y de regresar a la comunión con su afición. Los nacionalistas que eran minoría, disfrutaban como nunca, los dueños de la fiesta mascaban bronca.

Pero, como en el tramo final de la montaña rusa, llega un momento en que la plenitud, el vacío y el grito tocan un punto en el que no se puede disfrutar más. Ese fue el conformismo de un Nacional que pudo liquidar un partido que tenía controlado. Por el contrario, Medellín se volvía a montar en el juego y a través de Elvis Perlaza, como un brasileño de antaño, pasó de la zozobra al júbilo a su hinchada que festejó varias cosas: el punto, 25 fechas de invicto y que ese último 'sustico' fue el éxtasis para continuar construyendo un semestre lleno de altibajos.

Nacional sigue sin cerrar los partidos, cerró los ojos cuando terminó el recorrido en su montaña rusa y quedó con el sinsabor de que pudo conseguir algo más que un nuevo empate. Esta historia volverá a escribirse en abril, cuando los niños festejan su mes.

Juan Camilo Álvarez Serrano
Corresponsal FUTBOLRED
Medellín

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