La herencia futbolística del Mundial de Rusia

La herencia futbolística del Mundial de Rusia

Terminó la mejor Copa de la historia, según Infantino, y quedarán para el recuerdo nuevas tendencias

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Paul Pogba

El francés Paul Pogba, con el preciado trofeo.

Foto: AFP

16 de julio 2018 , 07:07 a.m.

El día de los balances es ahora, cuando Francia duerme la fiesta de la celebración del segundo título de su historia, Croacia se encamina a una celebración apoteósica por el segundo lugar, Rusia vive un día más en la oficina, por fin sin tanto turista, y el resto del mundo recoge las banderas y empieza a preguntarse: ¿Qué dejó el Mundial de 2018?

Aquí, un primer vistazo:

El final del caudillismo, el triunfo del colectivo. No es más el Mundial de Pérez, González, de Pelé o Maradona, de Messi ni de Cristiano. Lo que quedó demostrado en Rusia es que los torneos orbitales los ganan los equipos y no los individuos. Argentina tuvo en su guía a un salvador en momentos de crisis, igual que Portugal, pero cuando ambos no acudieron a la cita era necesario echar mano del grupo para equilibrar las cargas. El resumen de lo bien o mal que salió el experimento es claro: ningún caudillo ganó ningún premio de la FIFA o llegó a mojarse en el aguacero del Luzhniki. Al último partido del calendario llegaron dos equipos que celebraron juntos cuando se pudo y sufrieron igual cuando les tocó (Francia menos que Croacia, en rigor). El mejor del mundo no se ganó nunca solo una Copa Mundo, ni el mismísimo Maradona, que tuvo un gran equipo en 1986. No pasa ahora tampoco y, según el rumbo de las cosas, no pasará en el futuro.

Jugar sin pelota. El dato no es menor: Francia tuvo el 39 por ciento de posesión de la pelota en el partido de la final contra Croacia y le hizo cuatro goles. No necesitó la pelota en el partido de Moscú ni en ningún otro de los otros 5 que ganó con autoridad. Y ese es un indicador del fútbol que viene, en el que se privilegia el contragolpe, la sorpresa, la salida en velocidad y el vértigo que a muchos intimida hoy. Eso y la pelota quieta como fórmula permanente para hacer daño en el área rival cuando todos los otros caminos se cierran –pregúntenle a Colombia si no es un método muy efectivo- es parte del nuevo libreto. Pasamos de tenerla para que el rival no haga daño a dársela pero sin abrir un solo espacio, precipitando la desesperación y el error y castigando sin piedad. Es eso y no el VAR lo que realmente cambia la forma de ver el fútbol.

El gol, el eterno dilema. Si bien en Rusia se marcaron 169 goles en total y el récord de Francia 98 no se alcanzó por sólo dos anotaciones, queda el dilema del papel de los delanteros de área en los equipos mundialistas. El máximo anotador fue Harry Kane con 6 tantos aunque 3 de ellos fueron de penalti. Pasó en blanco en la semifinal y muchos criticaron que en las etapas finales no fuera decisivo. Pero no fue el único: Cristiano Ronaldo ilusionó con 4 goles (1 de penalti) pero se quedó ahí, igual que Lukaku. Se acercó Mandzukic con 3 que, curiosamente son los mismos que el goleador de Colombia, Yerry Mina, un defensor con potencial en el juego aéreo. El de Guachené, por ejemplo, marcó los mismos tantos de Diego Costa (España) y Cavani (Uruguay, 1 de penalti) cuando su tarea es otra distinta.

Pero lo que resulta insólito es que también exista un 9 como Giroud, campeón del mundo sin haber marcado un solo gol. “El verdadero falso 9”, lo llama, con ironía, el periodista argentino Daniel Arucci. Los récords están para romperse pero las 16 celebraciones de Klose están muy lejos de repetirse.

¿El fin del engaño? La llegada del VAR, que Infantino (presidente de la FIFA) defiende por sobre todas las cosas, supone en muchos casos el final del engaño como herramienta válida dentro del juego. Y ese es un cambio absolutamente radical. Podrá pasar que Casillas de que no se revise una falta a Griezmann que no fue en la final contra Croacia (de hecho, el VAR se usa en sólo 4 casos y este no aplicaba, como debería saber el excampeón mundial español) y que Luis Suárez, un artista de la simulación, lo secunde, pero lo cierto es que la tecnología tiene un componente de justicia que aprobó la mayoría en Rusia 2018 y que le da validez en el futuro. No de otra manera se sabe que Neymar se tira una y otra vez tratando de engañar o que la falta de Dávinson frente a Inglaterra en realidad no fue. Ganar y perder, también en el VAR, será parte del juego.

El show por encima de todo. Feliz se declaró Infantino de la organización del Mundial de Rusia, que en realidad fue impecable; de la asistencia y la alegría de los hinchas latinoamericanos, que se extrañó en la final; de lo masivos que se hacen cada día más el fútbol y su torneo rey. Todo hace parte del preámbulo para justificar, por esa misma vía, que la siguiente sede mundialista, la polémica Qatar, obligue a jugar mundiales entre noviembre y diciembre, a modificar el calendario de competencias, los descansos, los anunciantes, la TV, absolutamente todo. Y en la carrera un Mundial con 48 equipos, con la excusa de la masificación del deporte. Todo vale y todo pasa.


Jenny Gámez A.

Editora de FUTBOLRED
Enviada especial a Rusia
En Twitter @jennygameza

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