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Opinión de Jenny Gámez sobre nombramiento de Néstor Lorenzo como nuevo DT de Selección Colombia

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Jenny Gámez

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Foto: Filiberto Pinzón

03 de junio 2022 , 02:23 p. m.

El término no es sorpresa. Se supo hace semanas, se le 'hizo ambiente' al nombre con suficiente antelación y se metió a la fuerza en una baraja que tuvo a protagonistas con un amplio reconocimiento... y a él. No fue sorpresa, fue desconcierto.

La Federación Colombiana de Fútbol (FCF) eligió, por primera vez en décadas, a un novato como Néstor Lorenzo, en una decisión que parece precipitada, incoherente e improvisada. Y hasta aquí no se habla de méritos, de conocimiento o experiencia, sino apenas de la forma, no se toca todavía el fondo.

La memoria es corta pero hay que recordar que cuando Gabriel Ochoa tomó el equipo en 1985 y había ganado 12 títulos en el país con tres equipos distintos; Maturana había sido campeón con América y dos años después, con Nacional, ganaría la primera Copa Libertadores para el país; cuando llegó Luis 'Chiqui' García tenía dos títulos con Millonarios; aparecería Hernán 'Bolillo' Gómez siendo campeón con Nacional en Liga y Copa Interamericana; Jorge Luis Pinto tomó el mando cuando ya se había coronado en Perú, Costa Rica y Colombia con el Cúcuta y hasta Leonel Álvarez había sido campeón con Independiente Medellín antes de asumir como DT, en 2010.

Tal vez el ensayo mayor serían los entrenadores de los juveniles Reinaldo Rueda, quien tomó por primea vez al equipo en 2002 pero después de haber sido tercero en el Mundial Sub 20 de Emiratos Árabes; o Eduardo Lara, quien asumió en 2010 tras haber sido campeón sudamericano sub 20 (2005). Hasta ahora, el único novato había sido Javier Álvarez, en 1999. Duró menos de un año y el 9-0 de Londrina fue su herencia y su lastre.

Y ahora, Lorenzo. Le bastaron 58 partidos dirigidos en Melgar de Perú para ser seleccionador nacional, lo que habla bien de su estrategia pero no necesariamente del plan de la FCF. El pánico no debería ser su definición porque tiene razón Jackson Martínez cuando dice en FUTBOLRED que no le falta experiencia: jugó Mundiales, planeó Mundiales (era el cerebro estratégico, según los propios jugadores), disputó Mundiales y su resultado, más allá que haya sido a la sombra de Pékerman, no tiene discusión. 

Pero da la sensación que su nombramiento obedece más a una premura que a una convicción, que su gran mérito ha sido salir de la cobija de don José -al parecer en no muy buenos términos-, que a la hora de la elección pesó más el acento y el color del pasaporte y que solo su buena relación con la plantilla lo avala como DT. Por eso vienen las dudas: ¿y si mañana convoca a James, a Falcao, a Ospina a Cuadrado, lo que sería coherente porque es a quienes conoce, dirán desde los micrófonos que le armaron el ambiente ideal que es un fracasado, que lo gobierna el amiguismo, que la renovación es una falacia? ¿Pedirán su cabeza cuando pase de los encuentros con la prensa en la sede de la FCF a no dar la cara en la publicación de las convocatorias (como hizo Queiroz)? ¿Le achacarán que alejó al equipo de la gente cuando no abra las prácticas a las cámaras? ¿Lo culparán de los fallos debajo del arco de los futbolistas? ¿Lo amenazarán? Perdón el pesimismo, pero la película ya estuvo en cartelera y fue un fiasco.

Y navegando un poco más al fondo: ¿su carrera la respalda su conocimiento de seis años inmerso en el fútbol colombiano o en su 'disposición' a escuchar los cantos de sirena de los directivos que hoy lo endiosan y mañana lo sentenciarán? ¿Alguien pensó que un proceso de renovación que se pide a gritos, más allá de que aún haya una materia prima notable en la actual generación, requiere tiempo y respaldo a pesar de los resultados y las últimas decisiones van en dirección marcadamente opuesta? Y un detalle no menor: ¿Si no le contesta el teléfono AL INSTANTE a quien lo acercó y lo impuso en el Comité Ejecutivo, también le dirá que es un timador, como ya hizo en el pasado? Eso pasó, tristemente no es ficción. 

Ojalá en la FIFA sepan algo que en este lado del mundo se ignora, que Colombia aún sin merecerlo acabe disputando un tiquete inmerecido pero al fin válido al Mundial -un viaje a Catar se hace hasta en la bodega de equipaje-, ojalá la ignorancia sea la explicación del desconcierto, ojalá los equivocados estemos en esta orilla. Pero hoy la sensación es que el nuevo proceso está armado sobre vanas ilusiones y pegado con saliva, que a la tormenta se viaja en una balsa y que después de cuatro años de tropiezos no se aprendió nada.

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