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La opinión de Nicolás Samper sobre el descenso en el fútbol.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

30 de octubre 2019 , 01:13 a.m.

Bajar las escaleras constantemente y perderse en medio de la oscuridad con la certeza de no saber -toda una contradicción- cuándo se volverá a ver la luz del día. Es ver cómo las llaves del auto se van por la rejilla del alcantarillado al sacarlas del bolsillo y dejarlas caer involuntariamente. Es salir de casa con la certeza de haber desenchufado la plancha y volver al hogar para verlo consumirse en llamas.

Generalmente es una desgracia ligada a los chicos, a los indefensos, a los que menos recursos tienen para defenderse en ese curso de primaria cruel y despiadado llamado “Primera división”. Pero hasta los alumnos que se quedaban con la linda de la clase y que durante años fueron los mariscales de campo que invitaban a quien se les daba la gana al baile de grado también debieron comer tierra y ante las feas. Cómo San Lorenzo, que tras tener que rematar su estadio por cuenta de las deudas se fue a la B desperdiciando un penal y cayendo ante Argentinos Juniors, el otro opcionado para la relegación en aquel 1981. Ese día Osvaldo Soriano tuvo que vivir uno de los peores padecimientos de su vida cuando, él en París, oyó aquel nefasto encuentro futbolístico que lo mató por dentro a través del teléfono.

Manchester United, que necesitando definir su suerte en primera, tuvo que chocar en el fixture ante su rival de patio, Manchester City. Cómo las desgracias no vienen solas, perdió 1-0 y tuvo que empezar a dibujar su próxima temporada en medio del infierno con el añadido que el hombre que marcó el único tanto del encuentro fue una de las grandes glorias del United en su historia: Dennis Law. El delantero, que no celebró aquel tanto y que concluyó el encuentro en desconcierto profundo, había sido echado del United como un perro a pesar de que con su presencia los reds alcanzaron el cielo a finales de los años sesenta.

O la U de Chile -paradójicamente hoy incluido en esa incómoda posición por no ser relegado de la A- que en 1988 vio que un gol le hizo falta para poderse mantener en lugares de honor. Su diferencia negativa de -8 era desfavorable con los adversarios que estaban tratando de huir de la B. Unión Española y O’Higgins tenían los mismos puntos: 26. Pero ambos clubes contaban con -7. El director técnico -que también fue un hombre destacado como futbolista en la U- años después estaría sentado en los banquillos de Real Madrid y Manchester City; su nombre: Manuel Pellegrini.

En Colombia se recuerda aquel 2011 terrible para el americanismo en pleno, incluido el portero Carlos Chaves, hincha fanático del club caleño y que le tocó en desgracia anotar el penal que dejó al América en medio de la amargura en aquel desempate frente a Patriotas.

Y en esta temporada los que se decantaron por esta pelea que nadie quiere tener que dar fueron dos clubes que decidieron de repente cambiar buenos procesos para inmolarse (Huila, que no andaba mal con el “Chonto” Herrera y Unión, que inexplicablemente dejó fuera a Harold Rivera, hoy DT del exitoso Independiente Santa Fe) uno que nunca encontró el rumbo (Jaguares, que se reforzó poco y mal, ganó solamente dos juegos de los últimos 19 y tuvo tres entrenadores en la parte final de la campaña, uno de ellos que lo sacaron poco tiempo atrás por malos resultados) y otro que se descuidó tras años de campañas aceptables (Rionegro).

Dos de ellos se despidieron hoy y quién sabe hasta cuándo.

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