Cuadrado

Cuadrado

Opinión de Nicolás Samper sobre el liderazgo en la Selección Colombia.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

09 de junio 2021 , 12:23 p. m.

Hace rato que rondaba esa pregunta dentro de nuestro fútbol y por fortuna ya las respuestas están apareciendo. Hablamos del mentado -y necesario también- asunto de resolver una cuenta pendiente para Colombia y es contar con un líder dentro de la cancha.

La última imagen, para muchos, tenía que relacionarse con el veterano Mario Yepes durante el Mundial de Brasil, o de Abel Aguilar, como la pieza que determinaba ese rumbo anímico. Sin embargo, la gente esperaba mucho de otros nombres. De James, por ejemplo, como líder. De Falcao, que lo es, pero a su manera. Y en esas divagaciones se la pasó nuestra selección, mucho más cercana al baile que al grito.

Las eliminatorias -unas clasificatorias extrañas, inmersas en el vaso mortal del Covid-19- son un camino sinuoso en donde es importante cargar con ese hombre capaz de mostrarnos la antorcha que enciende el fuego sagrado, ese que no se extingue y que al final, traza el sendero hacia los Mundiales. Como en el libro “Capitanes” de Sam Walker, no siempre el que ostenta esa condición lleva la cinta de capitán en el brazo. ¡Y eso no quiere decir que Ospina no la merezca, que él también es un líder! Hay que leer un poco más allá para entender la influencia del mejor jugador del país en las fechas disputadas por la selección en este recorrido.

Y es él, Juan Guillermo Cuadrado, un hombre valiente que incluso sobrevivió a la violencia, que fue el primer “regalo” que le otorgó el lugar donde nació, y que se forjó en medio de esas circunstancias adversas hasta que alcanzó el profesionalismo. Ayer, en medio del caos que significaron los primeros diez minutos de juego contra Argentina no tuvo inconvenientes en recriminarle a Davinson Sánchez su mutismo en el gol de Paredes. Y tanto en Lima como en Barranquilla decidió siempre pensar en que para llegar a la meta hay que meterse a la trocha y armar un camino propio para que sus demás compañeros puedan seguirlo.

Futbolísticamente su madurez es un hecho: hace ya un buen rato no volvimos a ver esa gambeta de más que entorpece su propio juego. Su versatilidad para ocupar varios lugares en la cancha no solamente se debe a su buena técnica individual, sino que también a su disposición para aprender. No importa que sea con Juan José Peláez o Massimiliano Allegri a defender por derecha, con Queiroz a ubicarse como interior o con Pékerman o Vincenzo Montella a desbordar.

Ese buen balance individual -además de hace rato ser un magnífico lanzador de centros, otro de esos puntos que ha sabido pulir en Juventus y que lo llevó a ser gran socio de Morata que se favorece con sus envíos cada semana- le agregó ese factor temperamental del que en ocasiones nuestro fútbol carece. Porque ahí es donde se encuentran los verdaderos líderes: no cuando el equipo gana 6-0 y las gambetas abundan; emergen cuando la pelota está caliente y ellos la piden sin temor para cambiar la adversidad.

Ese es Cuadrado: el que la pide siempre, aunque él y sus compañeros estén bordeando el abismo. Sin Cuadrado imaginar que Colombia sería capaz de recuperarse de los desastres frente a Uruguay y Ecuador sería imposible. Juan Guillermo es el líder espiritual y futbolístico de la Selección Colombia, sin necesidad de transitar los escándalos, ni las fotos de revista. Sin shows ni pucheros. Sin veleidades ni comunicados.

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