Cassio y Almeida
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Cassio y Almeida

Opinión de Nicolás Samper sobre la brillante actuación del arquero de Corinthians en La Bombonera.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

06 de julio 2022 , 09:59 a. m.

Se metió bajo el mismo arco en el que Oscar Córdoba le dio una Libertadores a Boca ante Cruz Azul y le amargó la vida al dueño de La Bombonera. Pasó anoche y Cassio Santos, el gigantesco arquero del Corinthians llevó a su casa una de esas grandes hazañas que harán felices a los nietos: poder irse ganador en una tanda de penales en uno de los estadios más difíciles del mundo y además con la 12 (la barra brava de Boca) respirándole en la nuca. Son pocos los que consiguen ese record.

Y Cassio -ese porterazo que parece un clon de Gabriel Meluk afeitado y con varios kilos de más- se ha transformado en una leyenda para Corinthians. Él, con su rendimiento ya lleva 11 años instalado en el arco de uno de los clubes más importantes de Brasil y con ellos además ha sabido sentir lo que significa darle gloria a una institución tan popular como ajena a títulos internacionales que lo relegaron en su nación frente a equipos mucho más exitosos como Palmeiras, Flamengo o Sao Paulo.


En el 2012 y teniendo a Cassio como guardián, se echaron al bolsillo por fin la Libertadores frente a Boca -el mismo adversario de ayer- y además luego se llevaron el Mundial de Clubes ante Chelsea, siendo el uno gran figura en aquellos enfrentamientos contra argentinos e ingleses.


Pero volviendo a lo que pasó anoche, hay que pensar en el hombre que alguna vez consiguió la misma gesta que Cassio y hay que remontarse 33 años en la historia. Buzo gris, pantaloneta negra y medias negras y dimensiones diferentes a las del arquero brasileño: Nacido en Uruguay, apenas alcanzaba el 1,78 de estatura, sin embargo, no hay nadie más que él en disputar la mayor cantidad de partidos en la historia de la Libertadores: 113.


Es probable que haya sido la peor noche bajo los tres palos del nacido en Salto, pero que se nacionalizó paraguayo. Pocas veces hubo una jornada más errática en la carrera de Ever Hugo Almeida que aquella en Argentina. Su club, Olimpia, había vencido 2-0 a Boca en la ida en Asunción y debía viajar hacia Buenos Aires para sostener ese marcador. No solamente lo sostuvo, sino que además se puso arriba 0-2 de visitante. Con la llave 4-0 a favor de Olimpia apareció Almeida para ponerle un poco de suspenso a las cosas: un remate sencillo de Perazzo se le escurrió entre brazos y piernas. Boca igualó 2-2 con tanto de Villarreal, pero Olimpia de nuevo se puso arriba 2-3. Todo estaba cocinado, incluso y más allá del empate de Comas de penal, el 3-3 a falta de cinco minutos para terminar el partido ya dejaba a Olimpia listo para celebrar la clasificación. Y del 86 al 90 vino la catástrofe: Almeida no cubrió su primer palo y por ahí entró un zapatazo controlable de Richard Edunio Tavares y luego, tras un corner en corto, calculó mal el pique del balón en un disparo de Perazzo. 5-3 y a penales.


Y cuando se esperaba que el pobre Almeida estuviera derrumbado psicológicamente en la tanda definitiva, dejó a todo el mundo callado: las fallas en los 90 las resarció en la definición por penales, atajando tres y dándole la clasificación a Olimpia hacia cuartos de final de la Libertadores que, al final, terminaron perdiendo frente a Nacional.


Después de esa noche de 1989 ningún arquero había podido imponerse en una tanda de penas máximas en La Bombonera por Libertadores, hasta que llegó Cassio.

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