Mané

Mané

Columna de Nicolás Samper sobre la estrella de Liverpool y la Premier League.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred.

Foto: A. particular

08 de enero 2020 , 06:42 p.m.

Tendría que haber sido Balón de Oro aunque todavía hay tiempo para que lo pueda obtener. El asunto es que cualquiera que se destaque por estos tiempos en el mundo del fútbol sabe que a la hora de la competencia individual para encontrar los reconocimientos, pareciera ir perdiendo 1-0 de visitante y jugando con un hombre de menos porque sabe que ya, en la grilla de partida, tiene que mostrarse aún más relevante que Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. 

Pero esa no parece ser la consigna oficial de Sadio Mané. No parece ser un hombre que destine sus momentos fuera de la cancha a tratar de cultivar su ego. Mané no es de esos elementos trascendentales que aunque brillan individualmente poco les importa el colectivo. Nunca, ni por equivocación, veremos a Mané sin celebrar el gol de un compañero porque simplemente a él le importa únicamente celebrar los suyos a pesar de que su club pierda.

El hombre está pendiente siempre del colectivo y más allá de que sea una figurota que no parece tener peros y que podría darse algunos permisos especiales, se pone el overol y trabaja como todos. Bueno, trabaja en una de las empresas futbolísticas más deseadas por cualquier mortal que se dedique a jugar profesionalmente. Mané trabaja en el Liverpool FC, un lugar en la que la responsabilidad del trabajo es el buen juego lo que no es sencillo porque aquel que desentone, se hace notorio por cuenta de su inferioridad frente al resto.

Mané, al lado de Salah y Firmino -dos futbolistas que a partir de su llegada a Anfield fueron más efectivos y brillantes que en Hoffenheim o Chelsea- también ha conseguido ser mejor aunque ya se dejaba ver cómo gigante en el Southampton. Necesitaba juntarse mejor, con futbolistas de suficiente potencial para apalancarse más. Y él ayudar también a poder apalancar a sus coequiperos. 

Le dieron el premio en África como Mejor jugador de su continente y siguió más bien tímido, a pesar de ser el más importante. Parece que le incomodara -en el buen sentido- tanta atención sobre él porque su modestia es genuina: no olvida de dónde vino y tantas carencias experimentadas a pesar de que su vida está hoy más que solucionada. Y por eso decidió solucionarles a los demás los problemas que supo mamar desde Niño.

Y esa es una de esas virtudes que lo hacen ser aún más querido. Ojalá un día se le dé el Balón de Oro aunque lo más seguro es que eso poco le importe.

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