Con lágrimas y esfuerzo: historias de la vida de James en Argentina
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Con lágrimas y esfuerzo: historias de la vida de James en Argentina

Así eran eran los días del '10' del Real Madrid cuando de adolescente llegó a Banfield.

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04 de agosto 2014 , 09:36 a.m.

Detrás de James Rodríguez , la megaestrella colombiana de cara aniñada que Real Madrid adquirió por unos 80.000.000 de euros, hay una historia menos célebre, menos popular. Detrás de las luces y los títulos en Europa, y de los millones que en su momento también desembolsaron Mónaco y Porto por el zurdo nacido en Cúcuta hace 23 años, hay una apuesta, una aventura en la Argentina de casi tres temporadas, en la que el día a día fue muy difícil al principio, casi angustiante.

Porque era muy joven James cuando llegó a Buenos Aires, en enero de 2008; tan sólo 16 años tenía y las lágrimas eran algo cotidiano. Añoraba a su familia y a su novia, extrañaba sus rutinas. Además, en Banfield la disciplina era mayor a la que estaba acostumbrado en Envigado FC (club donde debutó en la primera a los 14 y con el que ascendió a la máxima categoría colombiana).

Sólo actuaba en la cuarta división o en reserva, corría más de lo que pretendía, marcaba más de lo que jugaba. Pero antes de ese momento hay una introducción, un guiño del destino que cruzó los caminos.

No tuvo una infancia sencilla

El nuevo número 10 'merengue' no tuvo una infancia sencilla. Su padre, Wilson, que fue futbolista profesional, los abandonó a su madre, Pilar, y a él cuando tenía 3 años. Fue su padrastro, Juan Carlos Restrepo, quien lo orientó y ayudó a crecer en el fútbol: en 2007, después de lograr el ascenso con Envigado y cuando ya hacía ruido en los seleccionados juveniles, editó un video de la vida deportiva de James para acaparar la atención extranjera.

Un DT colombiano advirtió al empresario argentino Silvio Sandri sobre las bondades de dos jugadores del club: Giovanni Moreno y Rodríguez, un "zurdito con mucha técnica". Chicho Serna ya le había puesto los ojos a 'Jamesito' y evaluaba ofrecerlo a Boca. Pero Sandri, que había trabajado con clubes cafeteros, se movió, viajó a Colombia y lo estudió en vivo.

"Me llamó la atención enseguida. Tenía una gran técnica, control de pelota y una pegada limpia. También había mucho por trabajarle en lo físico, porque era retacón, culón, chico de arriba, pero con un gran potencial", le cuenta Sandri a La Nacion, a unos siete años de aquel momento crucial. Regresó a la Argentina con material de Rodríguez y a los pocos días visitó el predio del Taladro en Luis Guillón.

"Sandri me pidió una entrevista. Charlamos sobre la posibilidad de hacer un convenio de intercambio de jugadores con Envigado. Tenía un bolsito y cuando terminamos de hablar sobre ese tema me preguntó si tenía tiempo para ver a un jugador. Yo había dado la reunión por terminada, no era un día tranquilo, pero quise ser cordial. Sacó una notebook, puso un DVD y me mostró a un zurdo habilidoso, con una pegada fenomenal", rememora Clide Díaz, por entonces gerente de fútbol de Banfield.

Me llamó la atención cómo paró una pelota de pecho y de media vuelta dejó cara a cara con el arquero a un compañero. Me interesó, empezamos a hablar sobre las posibles condiciones. Le conté a Carlos [Portell, presidente en ese momento], le dije que había un colombiano de 16 años que la rompía y que había que traerlo. Carlos me decía si estaba loco, que nos iban a matar a todos por comprar a un chico tan joven. Pero, al tiempo, se sumó", dice.

El acuerdo con Banfield

¿Cómo fue el acuerdo? A préstamo por dos años sin cargo con opción por el 50% del pase a cambio de US$ 400.000. "La madre de James era una persona con carácter fuerte, algo autoritaria, que lo protegía mucho. La llamamos, vino al país, porque tenía la patria potestad, y firmamos todo.

Portell, que al principio dudaba, al tiempo viajó con la selección argentina para un amistoso en Los Ángeles y tomando un café con Juan Carlos Crespi, dirigente de Boca, éste le contó que tenía una calentura bárbara porque un colombiano que iba a fichar en Boca finalmente no lo había hecho. Era James. Carlos se hizo el bo... y me llamó a las dos de la mañana: ¿Lo hiciste firmar?, me preguntó", recuerda Díaz, con una sonrisa.

En enero de 2008, James, sin compañía, arribó al país. Sandri lo buscó en el aeropuerto y lo alojó en su casa durante más de un mes. Durmió en la cama de la hija chiquita del empresario, hasta que su padrastro pidió licencia no remunerada en el trabajo, llegó al país y se mudaron a un departamento en Monte Grande. Tenían un Peugeot 205 para moverse. Pero los primeros tiempos fueron muy duros.

"Fue un proceso difícil. Lloraba mucho, se la pasaba llamando por teléfono a Colombia, se quería volver. Le costó mucho la adaptación. No estaba a gusto. Además, en Colombia jugaba en la primera y acá en la reserva. Los ejercicios eran mucho más fuertes a los que estaba acostumbrado. «Esta corredera no la aguanto más», se quejaba. Y Raúl Wensel (por entonces DT de la reserva y coordinador de inferiores) no le daba concesiones. Casi siempre James era el primer cambio", confiesa Sandri.

"Era un rompe pelo... tremendo. Después de cada entrenamiento en la cuarta o la reserva, venía y me golpeaba la puerta de la oficina. Me quiero ir, vine para jugar en primera y no me ponen, me decía", añade Díaz. Algunos opinaban que James tenía un juego "lento" para el fútbol argentino. En los partidos lo golpean más que al resto. "Al ser tan técnico lo castigaban bastante, cobraba. Pero él se hacía valer", dice el defensor Favio Segovia, compañero de James en la reserva y actualmente en la primera del Taladro.

Se fue adaptando

Poco a poco, Rodríguez se fue adaptando, entrando en sintonía. Hizo un trabajo especial con preparadores físicos del club y privados. A mediados de 2008, Portell contrató a Jorge Burruchaga como DT y, en una reunión de tres horas, el campeón del mundo en México 86 escuchó por primera vez referencias de James. "¿Cómo están las inferiores?", preguntó Burru. "Hay un número 10 de 16 años que tiene un cañón en la zurda", le respondió Clide. "¿Vos querés que me rajen en dos meses?", rebatió el técnico.

En el Apertura 2008 Banfield fue 13° y en enero de 2009, en Mar del Plata, James participó por primera vez de una pretemporada con la primera. "Él siempre quería jugar. Y fue madurando. Se hizo ganar el respeto con la pelota bajo el pie", comenta Segovia. Claro, era delgado y muy joven, por eso "los más grandes" lo alejaban cuando James se posicionaba para pegarles a los tiros libres, una de sus grandes virtudes.

Aquel verano, James lucía una suerte de cresta en el pelo (quería imitar el aspecto de Cristiano Ronaldo), pero sus compañeros más veteranos raparon a todos los debutantes en la pretemporada, incluido a él, obvio. "Se puso mal, casi que a llorar; él cuidaba mucho su imagen", relatan por lo bajo.

El momento añorado

James se ganó un lugar entre los citados para el primer partido del Clausura 2009, contra Godoy Cruz, en Mendoza (7 de febrero). El encuentro en el Mundialista estaba 1-1, y Rodríguez, que había ido al banco de suplentes, ingresó a los 32 minutos del segundo tiempo por Bertolo. "Terminaba el partido y Jorge lo puso suelto. Después de un par de minutos, tomó la pelota, se balanceó, lo vio a Broggi y lo dejó mano a mano con el arquero Ibáñez, que le hizo penal. O sea, en uno de sus primeros toques, James ya hizo una genialidad", reconstruye Federico Sánchez Parodi, jefe de prensa de aquel equipo del Taladro, actualmente con la misma función en Independiente.

Luego, Lucchetti falló el penal, pero esa es otra historia. A las pocas fechas, en la 4» jornada, ante Central en el Sur bonaerense, James, con el número 13, sacudió el arco rosarino con un golazo, el primero en la máxima categoría, con un zurdazo desde afuera del área grande. Empezó a enamorar al público. Pero el equipo no convencía, Burruchaga se marchó a fines de marzo, llegó Julio César Falcioni y el futuro se llenó, nuevamente, de interrogantes, porque a Pelusa no le convencía el perfil de futbolistas como James, sin tanto "sacrificio para la marca".

Además, el preparador físico Gustavo Otero le exigía muchísimo. "Le vino bien la disciplina de Julio, porque era un volante al que le costaba bajar a recuperar y cuando le sumó sacrificio a su talento, hizo la diferencia. Seguía poniendo trompita de enojado y siempre le pedíamos un poco de paciencia", expresa Díaz, dirigente que estaba cerca de James.

Evidentemente se produjo un clic. Con escasa continuidad en el Clausura, James fue titular en la última fecha y arrancó en la formación inicial en el Apertura, torneo que finalmente conquistaría el Taladro. Con el número 8, participó del triunfo 2-0 ante River. Pero en la 2» fecha, frente a Argentinos, Banfield ganaba 1-0, Hauche empató a media hora del final y Rodríguez fue el primer reemplazo, por Roberto Battión.

"No se sentía cómodo en la posición de carrilero"

"Al principio no tenía la mejor relación con el técnico -reconoce Sandri-. Aquel día con Argentinos, Falcioni lo castigó en el vestuario. Delante de sus compañeros le echó la culpa del gol, pese a que la marca no era de él. James, llorando, me dijo que se quería ir; no tenía ganas de practicar el lunes. Pero Falcioni le pidió disculpas, se había equivocado. No se sentía cómodo en la posición de carrilero, pero lo respetaba a Julio, que le hizo aprender mucho".

Battión llegó a Banfield desde Aris Salónica, de Grecia. Nunca había visto jugar a James. No sabía quién era. Lo impactó. Y en las concentraciones, se integró a la mesa del colombiano. "Me encontré con un chico tranquilo, respetuoso, que parecía introvertido, pero tenía un gran sentido del humor. En el vestuario escuchaba reggaetón, se ponía a bailar y tenía un ritmo impresionante. Nos quedábamos mirándolo, porque tenía una onda infernal, era habilidoso hasta para bailar. Por eso no me sorprendió el pasito que hizo ahora en el Mundial. También le gustaba ver fútbol; en el predio había un proyector y en la hora de las comidas ponían partidos de Europa, y a él le encantaba verlos, se volvía loco, les prestaba atención a las jugadas, festejaba los goles, aplaudía. Yo le pedía que me enseñara cómo le pegaba a la pelota, cómo acomodaba el pie y muchas veces nos quedábamos después de los entrenamientos. Ese grupo estaba integrado, mayormente, por jugadores con experiencia y él, pese a ser tan joven, se hizo querer mucho".

Se cuidaba su imagen al máximo

Al tiempo, James se mudó a un barrio privado en Canning y empezó a conducir un Chevrolet Vectra. Todos coinciden en que el zurdo cuidaba su imagen al máximo. "Las pibitas estaban enamoradas. Se sacaba fotos con todos, no tenía problemas. Siempre estaba con gel, acicalado, bien vestido", dice Díaz. "Era muy profesional. Y cuidaba su cuerpo, complementaba con ejercicios en el gimnasio. Siempre estaba impecable", agrega Battión.

Claro que se daba sus gustos gastronómicos: solía cruzarse a una parrillita frente al estadio Florencio Sola a comer sándwiches de vacío o chorizo. "Y le enloquecían los chinchulines", apunta Sandri. A James lo incomodaba enfrentar las cámaras. "Se trababa un poco al hablar, se ponía nervioso. Pero era inteligente y leía para tratar de superar ese obstáculo que hoy ya casi no lo tiene", completa Sandri. Era tan educado, describe Sánchez Parodi, que, ya encumbrado como figura del fútbol argentino, le costaba rechazar pedidos de reportajes:

"Eso generó que en una oportunidad se le juntaran cuatro notas en diferentes canales y horarios, abarcándole todo el día, teniendo que comer a las apuradas y sin descansar. No daban los tiempos. Fuimos más rápido que los bomberos". Falcioni, enterado de esa situación, le pidió más cuidado al mediocampista.

En 2010, tras el título alcanzando en la Bombonera, James siguió demostrando su talento a nivel local (le anotó un gol fabuloso a Lanús) e internacional, en la Copa Libertadores (Banfield quedó eliminado en los octavos de final ante Inter de Porto Alegre). Las versiones sobre el interés del mercado europeo empezaron a tomar fuerza. Hasta que se forjó lo inevitable. A mediados de año, Banfield estaba de pretemporada en Mar del Plata y se concretó un momento que se esperaba, pero no por ello dejó de ser mágico, trascendente.

Se le cumplió el sueño de jugar en Europa

"Los jugadores estaban en el ómnibus escolar para ir a entrenarse. Antes de arrancar, me llaman urgente de la conserjería, porque tenía un llamado. Era desde Buenos Aires, me avisaban que James se había vendido. Vuelvo al ómnibus, lo hago bajar a Julio, que se prendió un cigarrillo y me escuchó. Deciles vos, me pide. Subo, les pido silencio y digo: Tengo una linda y triste noticia a la vez. Un compañero se va a Europa. Acaba de ser transferido James.

Todos lo aplaudieron y le hicieron una manteada cariñosa. Él sabía que algo estaba pasando, porque Espanyol de Barcelona también lo quería, pero fue fuerte, emocionante, porque todos le teníamos cariño. Era la joya. Banfield le quedaba chico ya. Lo bajamos del micro, fui a una agencia de Aerolíneas Argentinas, lo llevamos en taxi al aeropuerto y se fue", detalla, sin dejar de emocionarse, Díaz.

Banfield, que ya había comprado el 50% del pase hacía tiempo, lo había vendido a Porto en 5.100.000 euros. ¿Cómo asumió, James, aquel gran salto? Cuentan, quienes lo vieron de cerca y lo abrazaron, que tenía lágrimas, pero ya no eran de angustia. Eran de felicidad, por cumplir su sueño de la niñez, de jugar en esas ligas europeas que sólo había visto por TV o en videojuegos.

Canchallena-La Nación

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