Mesa de dos puestos

 Opinión de Julián Capera sobre renovación de Luis Sandoval y Deportivo Cali

Corresponsal Futbolred
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16 de febrero 2024 , 03:41 p. m.

No ha cumplido 24 años y ya se plantea el retiro. No por una cruda lesión de esas que alejan a los futbolistas de las canchas durante largos meses, tampoco por una insoportable tragedia familiar. Ni siquiera por haber descubierto que, al final, el fútbol no le apasionaba tanto como él creía. Luis Sandoval lleva más de una semana sin salir de casa, sumido en una depresión que él mismo se ha encargado de sembrar y cultivar. Es mayo de 2023, acaba de ser despedido de Junior de Barranquilla por sus reincidentes actos de indisciplina y ahora ni siquiera sabe si va a seguir jugando fútbol profesional.



Nueve meses han pasado de aquella escena, y hoy el ‘Chino’ vuelve a ser tendencia en redes sociales y tema de debate en los distintos programas de fútbol del país. Esta vez nadie lo está echando, es él quien se quiere ir. No hay un video aficionado capturando alguna escena bochornosa ni tampoco un reporte sobre indisciplina. El jugador está en el ojo del huracán por hacer algo a lo que claramente tiene derecho: cambiar de trabajo.

Su caso reabre el debate sobre la obligación moral que, para algunos, tienen los jugadores respecto a las propuestas de renovación que les hacen los clubes. Situaciones que no pueden meterse en el mismo costal y deberían ser analizadas de manera particular. Sobre todo, porque la dinámica del negocio del fútbol viene cambiando aceleradamente en todo el mundo y cada vez son menos las transacciones entre equipos y más los contratos que firman los futbolistas en condición de agentes libres.

Renovar un vínculo laboral es una opción, no una obligación (a menos que haya estipulada una extensión automática por el cumplimiento de determinados objetivos deportivos). Ambas partes – club y jugador – pueden decidir buscar un nuevo acuerdo que les permita extender su matrimonio profesional, o simplemente divorciarse el día que el calendario marca la terminación de su unión. A veces las empresas se escudan en el argumento de la lealtad para desarmar a sus empleados y ofrecer contratos que no son coherentes con la situación actual. No digo que ese sea específicamente el caso Deportivo Cali – Sandoval.

Sin embargo, sí creo que hay algunos casos específicos donde el jugador debería tener una mayor disposición al diálogo, sobre todo como un acto de agradecimiento. Andrés Román, por ejemplo, dejó a Millonarios con la mano estirada después que el club embajador lo recibiera de vuelta, lo protegiera y lo acompañara en su proceso de reacondicionamiento físico, tras el cruel dictamen de Boca Juniors que prácticamente sugería que el lateral no podría volver a jugar profesionalmente. Situación similar a la de Álvaro Montero con Deportes Tolima y un positivo para doping que afrontaron juntos. Montero firmó con Millonarios en plena competencia, unos meses antes de la terminación de su contrato con el equipo de Ibagué.

Deportivo Cali le abrió las puertas a Sandoval en un momento donde era genuinamente complicado que un equipo colombiano apostara por él. Estaba todavía muy fresca la imagen de su salida por la puerta de atrás de Junior de Barranquilla. El ‘Chino’ no está obligado a firmar un nuevo contrato, es cierto, pero este es uno de esos casos donde al menos hay que sentarse primero en una mesa de solo dos puestos. Escuchar con respeto, recordando un pasado que todavía es reciente. Y si no se puede, ahí sí permitir que otros invitados acerquen sus sillas.

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