Apuntarle a una mano amiga

Apuntarle a una mano amiga

Nicolás Samper detectó la nueva costumbre de los jugadores en Colombia para ayudarse del VAR.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

17 de noviembre 2020 , 03:13 p. m.

No sé si lo que me ocurre es apenas una especie de delirio, que conduce mi mente hacia acertar si es que pienso mal y tal vez no sea más que una de esas teorías de la conspiración que, de cuando en cuando, se mete en la cabeza para justificar sucesos que ocurren de manera sistemática o si en realidad puede ser uno de esos comportamientos con los que tendremos que empezar a convivir en medio de este fútbol vigilado, como si fuera una bóveda de banco.

El “culpable” de que de nuevo ese pensamiento conspirador apareciera en la cabeza es Matías Mier, el buen volante de La Equidad que ha tenido una campaña magnífica con los bogotanos y que se ha constituido en recurrente figura de su club, clasificado a las finales con una muy auspiciosa actuación en Cali ante el América; ojo que no es que Mier haya sido el único responsable de mis cavilaciones. No, pero si ratificó que lo qué pasó en el duelo frente a los americanos es una jugada que se está transformando en lugar común, casi que en una estrategia que tiene viveza y aprovechamiento del reglamento en partes iguales.

Mier está en el área y tira una pelota medio en cuchara que pega en la mano de Segovia. El árbitro, como no podría ser de otra manera, pita penal y además bien pitado. Cobra Mier y adentro. Lo que pensaba es que el envío del uruguayo previo al penal buscaba la mano a propósito, aprovechando cierta posición de los brazos de Segovia. Al encontrarse atorado por la zaga del América vio la oportunidad el charrúa al observar que Segovia separó momentáneamente su mano del cuerpo por acción de juego y Mier la tiró ahí, buscando que le pitaran una mano. No fue que el zaguero con su mano atascara una habilitación.

Pero no es el único penal que he visto con esas características: son varios que conducen a esa teoría. Y también he encontrado intentos fallidos, como hace poco en el juego Junior-Millonarios: un atacante del equipo barranquillero va a lanzar un centro desde la derecha. Patea viendo que el paraguayo Godoy lo marca y lanza el balón con la intención de que le pegue al jugador en la mano, más que en pensar un centro que deje a un compañero en posición de gol. Godoy, atento, tenía los brazos atrás y aunque la pelota pegó en su codo, evidentemente no había opción de decretar pena máxima, más allá de los reclamos. Pero la intención del centro era buscar la mano. O eso creo yo. Y es cierto que la mano no tiene interpretación: es o no es y listo.

Pero insisto que, ante la implementación del VAR y demás pequeñeces engrandecidas en este fútbol nuevo, los atacantes van con esa idea: es más fácil provocar una mano que ensayar un chapuzón.

Usé el ejemplo de Mier, porque es el más fresco, pero no por ser el primero. En Europa hay varios ejemplos que estaré exponiendo en otras columnas para seguir sustentando mi teoría de que los atacantes hoy están propiciando penales porque andan precisos en eso de apuntarle a los dedos de sus adversarios.

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