Payares

Nicolás Samper habla de la recuperación del jugador de Millonarios.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

18 de septiembre 2019 , 05:43 p.m.

Hay asuntos futbolísticos que, sin importar la camiseta, producen gran alegría pero porque justamente un acto que ocurre en la cancha termina convirtiéndose en una victoria misma sobre la vida. Por eso, y más allá del significado de un tanto que lleva el triunfo a un equipo, lo de Luis Payares fue alegría y revancha ante las circunstancias difíciles que nos pinta el destino cada vez que abrimos los ojos y miramos al techo al despertarnos todas las mañanas.

Cuando recibió el balón englobado, Payares no solamente derrotó la trampa del offside que quiso plantear sin éxito el Pasto de Alexis García. Paró el balón con gran maestría, sin que picara lejos sino que le quedó en el pie, dormida y ante la salida del portero tuvo tiempo de mirar con frialdad a los ojos el rumbo de lo que sería el final del encuentro para ser el que lo decidiera. Definió perfecto, con clase y sin nervios, como si fuera van Nistelrooy y después arrancó a celebrar.

El gol no es uno más en la trayectoria del defensor central que fue pedido expresamente por Jorge Luis Pinto apenas llegó a dirigir a Millonarios. Es el gol que vuelve a darle a Luis la confianza suficiente como para poder gritar a los cuatro vientos que todo fue superado y que todo lo malo parece haber quedado olvidado, muy atrás en el camino tortuoso que hasta hace poco tuvo que transitar.

Antes de que comenzaran los cuadrangulares finales del torneo anterior Payares se había consolidado -con algunas imperfecciones en unos cuantos partidos, normales en esta profesión- en los nombres habituales de Millonarios a la hora de recitar la formación. La pelea por la titular era con De Los Santos y Rambal pero casi siempre era elegido hasta que en una práctica tuvo que retirarse por un problema. Un problema que resultó ser mucho más grave de lo que se suponía: una trombosis lo tuvo quieto, pensando en lo que pudo ser y no fue.

La recuperación fue dura para él: los exámenes de rutina para saber cómo andaban las cosas, cuál había sido la consecuencia de ese golpe accidental en una práctica que le cambió la vida y le hizo encontrarse con él mismo, la posibilidad y ese pensamiento natural sobre la opción de no poder jugar más por cuenta de un hecho insólito recorrieron su mente pero jamás se rindió.

Por eso ese gol ante el Pasto fue un grito liberador. Fue la fotografía que él necesitaba para poder declarar su propio triunfo ante las vicisitudes. Y esa clase de cosas siempre me darán alegría.

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