Pacto de caballeros

Nicolás Samper lamenta cómo se ha tratado el caso de Rafael Carrascal por parte del Deportes Tolima.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

03 de septiembre 2019 , 10:14 p.m.

Qué frase esa tan venida a menos. Porque por estos tiempos es lo mismo ser un burro que un gran profesor o que la biblia llore junto al calefón, como decía Santos Discépolo. Hablar de pacto de caballeros remite más que a un estrechón de manos entre partes que juegan con todas las condiciones expuestas sobre la mesa, con las reglas de juego claras y evidentes, a componendas secretas, a arreglos silenciosos, a trastienda donde se cuadran vueltas para perjudicar a unos y beneficiar a los de siempre.

Ya ser caballero no parece ser un honor, porque la misma expresión sobre el “pacto de caballeros” hace que su contenido sea espurio. Acá puede existir de todo menos eso, caballerosidad.

La valiosa entrevista hecha por el programa ‘Zona libre de humo’, encabezada por el Gato Arce y el Petiso Arango con el presidente suplente del Envigado sobre el caso Rafael Carrascal dejó ver a las claras eso, al revisar la declaración textual sobre el peliagudo asunto: "Hubo un acuerdo, un pacto de caballeros entre América y Tolima en el tema Carrascal en la última asamblea de Dimayor (...) Tulio Gómez -presidente del América- aceptó, pero algo pasó después y todo cambió”. Son los acuerdos más allá de las leyes para que un jugador pueda o no actuar de acuerdo a ciertos poderosos designios, porque pareciera que hubiera una ley más poderosa que la que ya está escrita y es la que se dicta en los convites y que nunca queda registrada en los libros.

La situación es verdaderamente inexplicable: un futbolista renuncia a un club. Y sin contrato, su ex club lo inscribe para un partido como visitante aunque ni siquiera haya viajado en la delegación y a sabiendas de que no lo va a tener en cuenta, solo y con el único fin de hacerle la vida imposible y forzarlo a hacer lo que no quería. Cómo aquellas relaciones amorosas en las que la premisa es “si no es conmigo, no es con nadie”. El hombre encuentra otro lugar en el mundo y Dimayor al final, autoriza que juegue. Parece todo listo, que ya todo bien, pero igual no hay que olvidar que hay caballeros de por medio.

No es la primera vez que ocurre y aunque nunca queda nada en el papel, se recuerdan situaciones como las de José Julián De La Cuesta o de Juan Carlos Henao. O hasta el de Yorelli Rincón.

Caballerosidad en estado puro.

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