Traje viejo, traje nuevo: ¿De qué se viste la Selección?
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Traje viejo, traje nuevo: ¿De qué se viste la Selección?

Opinión de Julián Capera sobre el futuro tras la eliminación del Mundial de Catar.

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Julián Capera

Julián Capera

Foto: Archivo particular

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13 de mayo 2022 , 10:24 a. m.

Acompañar a la novia por su vestido de boda sabiendo que no es con uno con quien se va a casar y que ni siquiera vamos a poder entrar a la fiesta porque no tenemos ropita para eso. Así sabe jugar un partido de preparación para una Copa del Mundo de la que quedamos eliminados. Una insipidez que ya empezábamos a olvidar después de dos clasificaciones consecutivas pero que una vez más nos toca tragar.

Y las agrieras no son solo por tener que ver el desfile de sonrisas de aquellos que sí tienen visa para este viaje. Ojalá fuera solo eso. Son también porque mes y medio después de aquella noche en Puerto Ordaz en la que se cosechó lo sembrado y se certificó la eliminación incluso del repechaje, aquí no ha pasado nada. Los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol parecen no tener ningún afán para elegir el nuevo entrenador. Al fin y al cabo, son unos mesesitos de sueldo que pueden ahorrarse como cuando Pékerman se fue.

Mientras tanto el encargue (¿y el encarte?) es para Héctor Cárdenas, director técnico de la Selección Sub-20, quien debería estar únicamente concentrado en el proceso de confección del equipo juvenil que jugará el Torneo Maurice Revello en Bocas del Ródano. Pero no, muy al estilo FCF le dan doble porción de chicharrón y le piden ubicuidad para disputar el campeonato en Francia la misma semana que el equipo mayor juega en España. Los zapatos al revés otra vez.

De este llamado quedará lo que más le importa a la Federación: dinero; pero ninguna conclusión en términos estratégicos y tácticos de cara al renovado objetivo de volver al Mundial. Ese es un análisis que solo podrá hacerse cuando quien sea el técnico en propiedad dirija sus primeras sesiones de entrenamiento en campo y sobre todo sus primeros partidos. Sin embargo, algo bueno sí se puede sacar de este ejercicio: darle su primer acercamiento a una concentración del equipo mayor a jugadores que podrían aportar en el nuevo proceso. Es sano permitirle esa experiencia a aquellos que nunca han vestido esa camiseta y que necesitan empezar a familiarizarse con todo lo que significa.

Además, podría ser una buena oportunidad para empezar a modificar algunas dinámicas de comportamiento con base en los roles de liderazgo que se han ejercido durante la época reciente en la Selección. Por ejemplo, entregarle la máquina a Luis Díaz, el único de los nuestros que hoy marca diferencia en un equipo de élite y en competencias del más alto nivel. Un jugador con un liderazgo particular que probablemente no sea el de las arengas más poéticas en el camerino, pero sí quien tiene la gambeta, la velocidad mental y el fuego en el corazón para volver a ponerle traje de gala a este equipo.

No se trata, como pretenden algunos, de sacar a patadas y cerrar la puerta a aquellos que han estado al frente durante la última década. Si están bien que vengan y sumen, pero entendiendo que la ecuación cambió, que los reflectores giraron y que el protagonismo y la responsabilidad ahora será de otros. Otros que parecen tener la pinta para la fiesta.

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