Yo hubiera dejado a Russo. Aquí el por qué

Yo hubiera dejado a Russo. Aquí el por qué

Tito Puccetti hace un balance de los dos años del técnico de Millonarios y saca conclusiones.

Tito Puccetti

Tito Puccetti, columnista de Futbolred.

Foto: Archivo particular

07 de noviembre 2018 , 11:36 a.m.

Se preguntaba un joven tuitero sobre cómo un equipo campeón en 2017, que gastó en refuerzos, que objetivamente era más que el de la campaña pasada, había naufragado en todas las competencias (sin contar la Superliga) nacionales e internacionales.

La respuesta me saltó casi de forma inmediata. Millonarios campeón 2017 tuvo todos los méritos, los resultados no se discuten, pero sí deben pasar por el raciocinio. La plantilla azul jugó a alto nivel, superó las propias expectativas, los futbolistas tuvieron su mejor campaña histórica y, el hincha, la crítica e incluso el cuerpo técnico, dieron por hecho que se podía mantener el rendimiento. Con el tiempo nos dimos cuenta que lo hecho en ese semestre de 2017 era extraordinario, que se había jugado por encima de su media y que el pico logrado no sólo era un techo, sino un rendimiento pasajero.

Russo con un equipo normal, corto y con mucha presión, logró la meta cuando cumplía un año al frente. ¿Extraordinario también? Sí, el argentino que ha ganado con varios clubes, lograba, sin favoritismo, ganar ante su clásico rival de Bogotá, de una forma épica y en medio de una grave enfermedad.

Este es uno de esos ejemplos perfectos para recordar el dicho: “Es más fácil superar un fracaso que un éxito”. El título, de forma cinematográfica, y la clasificación a la Copa Libertadores amplió las expectativas de Russo en 2018. En el fútbol nunca se sabe, pero en medio de la resaca del triunfo, a nadie se le dio por pensar que si la lógica se aplicaba, los rendimientos iban a descender y la parte de refuerzos iba a ser clave.

Ese era el otro punto, los refuerzos. Ninguno pudo estar a la altura de Harold Santiago Mosquera, el joven que partió hacia Estados Unidos y que dejó sin desborde efectivo y continuo a los embajadores. Los refuerzos esperanzaban, Santiago Montoya Muñoz, antioqueño con experiencia en Argentina, Brasil y Portugal, le brindaba la posibilidad de juego asociado y no sólo de juego de bandas; y el ‘Búfalo’ Ovelar, técnico delantero, elegante paraguayo que salió del Junior por temas extradeportivos. Con los dos, más la base, pensaba el hincha y la dirigencia que se podía enfrentar la Copa Libertadores y torneo local. Error, la base no era tan sólida, Ovelar nunca entró al circuito, fuera del par de golazos en la Superliga; Montoya Muñoz se lesionó, y si a esto le sumamos la enfermedad del entrenador, se consumió el primer semestre quedando por fuera de Libertadores y eliminados de La Liga.

El segundo semestre fue un calco. Otros refuerzos de buen nivel para el fútbol, liderados por Marrugo y Hauche que no tuvieron el rendimiento esperado. Esta vez las lesiones vinieron del grupo base. Duque, el más importante, y De los Santos, quien dejó huérfano a un Cadavid desorientado, que brilló más en el área rival que defendiendo en la propia.

De la felicidad absoluta de 2017 a la tristeza, y fuera de competencias en 2018. Sé que todos somos generales después de la guerra, pero hay que aprender a desconfiar de los triunfos y de las derrotas. No se tienen que ir todos cuando se pierde y no todos deben ser renovados cuando se triunfa. ¿Hubo mala suerte? Sí. ¿Hubo malas decisiones? Sí. ¿Hubo errores de Russo? Sí. ¿Hubo errores de dirigentes? Sí. El fracaso también es un trabajo en equipo que casi siempre lo paga el entrenador. Se gastaron seis mil millones de pesos y no hay copas internacionales en 2019 ni títulos en la temporada, fuera de la Superliga, que con la velocidad del fútbol actual quedó perdida en el pasado. ¿Russo se debía ir? Para un equipo que en casi 30 años ha ganado sólo dos ligas, y dadas las circunstancias, merecía por lo menos cumplir su contrato hasta finales de 2019. Aunque obviamente es responsable también de lo que pasó, sobre todo en el segundo semestre.

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