¿Tapabocas?

¿Tapabocas?

Opinión de Jenny Gámez sobre la salida de Jorge Enrique Vélez de la Dimayor.

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Jenny Gámez

Jenny Gámez

Foto: Filiberto Pinzón

27 de julio 2020 , 01:04 p.m.

Una salida de quinta, muy coherente con sus desaguisados, sus movimientos erráticos, su indiscutible arrogancia, fue la de Jorge Enrique Vélez de la presidencia de la Dimayor.

No hay cargo que aguante tal falta de gobernabilidad y es una absoluta sorpresa, por no decir desconcierto, que un político curtido como él no lo viera venir... ¿O si? ¡Un momento! ¿Resultó un visionario y por eso calculó su salida de manera tan generosa? ¿Por qué su indemnización no vale los 120 o 130 millones de pesos que ordenaba la Ley sino 600 millones?

Para claridad del lector, vale decir que a los directivos del fútbol no hace falta presionarlos mucho para que suelten millones a cambio de silencio. A estas manos llegó la versión de que en el pasado ofrecieron 1.000 millones de pesos por "renunciar calladamente", lo que significa al menos dos cosas: uno, que plata para indemnizar siempre hay, con y sin crisis económica; dos, que todo depende de qué tan incómodo es el secreto que se lleva el despedido. Y 600 millones, en días de pandemia, no es un número despreciable. ¿Qué sabe Vélez para que, como sugirieron en las redes, el suyo sea 'el tapabocas más caro del mundo'?

Por dónde empezar... ¿Será por prometer 60 millones de dólares de ingreso por TV internacional, por dilatar hasta la desesperación los primeros pagos (que jamás llegaron), por no aceptar, en ese estilo tan suyo, que el negocio nunca iba a llegar ni siquiera a la mitad, aun si los presidentes se hubieran aguantado ese plan de salir con el maletín a buscar los clientes? ¿Qué hay en esa movida que valga 600 millones y no solo una disculpa con sus electores de Dimayor y una gestión hábil con abogados para sacar a la entidad de la manera más limpia posible de un contrato que ahora podría, por el incumplimiento de una de las partes, costarle una fortuna al fútbol? ¿Qué tiene que ver ese contrato incumplido con el impopular canal premium? ¿Aprobar uno implica respaldar el otro? ¿Por qué?

Dirán que no todo es plata. Entonces, al fútbol: ¿Son solo errores humanos los de Gustavo Murillo en aquel polémico triunfo de América 2-0 contra Santa Fe, cuando se validaron dos goles en fuera de lugar de América y se invalidó otro de Balanta? ¿Muy impresionable Carlos Betancur con el polémico penalti que decidió un triunfo contra el Cali? ¿Quiso el azar que los rivales decidieran cebarse con el rojo en los penaltis en las instancias definitivas del torneo clausura 2019, que, oh sorpresa, ganó América? ¿Qué tiene que ver que justo en medio de la polémica la Comisión Arbitral volviera a programar, a manera de premio, a esos que se cansaron de equivocarse? ¿Qué peso tiene el hecho de que Vélez fuera parte de aquella Comisión -su primer acercamiento a la dirigencia fútbol- o su cercana relación con Imer Machado, el hombre al que coinciden en señalar de tráfico de influencias casi todos los analistas arbitrales del país?

Sigamos en el fútbol. ¿Por qué cuando Mayer Candelo denuncia que desde el ascendido Pereira ofrecieron 100 millones de pesos para permitir una goleada contra Tigres que en efecto ocurrió (5-0), a toda velocidad se archivó y se atribuyó al delirio de Ignacio Martán y su Cortuluá? ¿No valía la pena investigar y no quedarse solo con el 'fue charlando' de un jugador de Tigres con el que se zanjó el asunto?

De fútbol y sus cercanías: ¿Qué hace un condenado como Eduardo Dávila, del Unión Magdalena, todavía moviendo sus hilos en las reuniones de Dimayor?

¿Es en serio que pasó sin consecuencias el escándalo de la firma Atlhletics and Health Solutions, con sede en Canadá, que se conformó un día después de la firma de una carta de intención con Dimayor para prestar el servicio (el 8 de abril se acordó y el 9 de abril de 2020 se constituyó la empresa), y que tenía en la Junta Directiva a un amigo MUY cercano de Vélez? ¿No fue más que una indelicadeza? ¿No es algo ingenua esa historia?

Y de vuelta a la plata: ¿Por qué se firman millonarios contratos de TV con cláusulas que impiden que los clubes, los dueños del espectáculo, se enteren, tal como lo denunció el expresidente Jorge Perdomo, quien además solicitó una auditoría que se engavetó en la Fedefútbol? A propósito, ¿Qué papel juega Ramón Jesurún en toda esta historia de la salida de Vélez? ¿Por qué hay quien lo llama en el fútbol ‘El patrón del mal’?

Y hay más: ¿Por qué el contrato del VAR solo fue de dominio de los dirigentes cuando la pandemia exigió echar mano de esos recursos para implementar el protocolo de regreso? ¿Por qué con semejantes cantidades que se manejan, la Dimayor no se apoya en fondos de inversión (con todo y sus altas comisiones?, como pidieron entre otros Deportivo Cali y Cortuluá, y siguen confiando en voluntades personales antes que en garantizar los ingresos? ¿No enseñará nada lo de Vélez? ¿Qué les falta a los dirigentes para aprender, de una buena vez, que quién mucho abarca poco aprieta?

Y aquí podríamos seguir enumerando preguntas que ya no se responderán. Sería el colmo que después de 600 millones, no se pudiera pagar al menos un buen tapabocas...

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