Policía, héroes, tumbas abiertas y posdata

Otra mirada a la sexta jornada de Eliminatorias, con un caliente clásico entre Brasil y Argentina.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

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22 de noviembre 2023 , 02:02 a. m.

Las Eliminatorias más difíciles del mundo y a las que les quitaron algo de magia agregando un cupo más (o dos) en ese invento del ladino Infantino, voraz comprador de votos a partir de la sensiblería y de hacer una competencia como el Mundial, en la que ya nunca más estarán necesariamente los mejores, tuvieron dos capítulos seguidos que dejaron tres actos. De Colombia todos han escrito, así que apunté hacia otro lugar.

Primer acto: Policía

Siempre pasa. Hace rato que la policía paraguaya se bajó del ránking que la ubicaba como la más terrorífica de Sudamérica cuando en aquellos partidos que se sabían jugar en el Defensores del Chaco, los funcionarios del orden, con uniforme habano, bolillo listo para pegarle hasta a las moscas y descuidos extraños como el de, sin querer queriendo, soltar las correas de esos temerarios pastores alemanes llenos de babaza y que en el previo de cualquier duelo, parecían haber sido alimentados con pólvora, solo con el fin de morder el trasero de cualquier visitante, no se compadecen con el terror de una policía represora como la brasileña.

De nuevo ocurrió y de nuevo fue en un Brasil-Argentina, como pasó en aquel juego que nunca existió y que se dio en medio de la pandemia y en el que los funcionarios de salud y la policía aportaron al caos y no al orden al tratar de capturar a los futbolistas que se habían saltado las restricciones covid viajando desde Inglaterra, directamente a Brasil. Pero ya es muy cansón ver que la ineptitud es su escudo, son generadores permanentes de violencia: Mineiro-Boca de Libertadores, Sao Paulo-Tigre de Sudamericana, Corinthians-Boca en la final del 2012 de Libertadores, Sao Paulo-Quilmes del 2005-2006… Ejemplos siguen y siempre ocurren incidentes cuando van los argentinos, que no son santos: recordar el insulto racista de Desábato a Grafite que generó la batahola entre paulistas y cerveceros. Pero ahí es que justamente se necesita que quien imparte el orden piense antes de actuar. Lo que pasó en las graderías pudo desatar una tragedia y justamente acá aparece un héroe.

Segundo acto: Héroe

Y acá hay que tener peso en la espalda, porque seguro que si se trata de otro futbolista u otro equipo, la Conmebol empieza a hablar de abandono de campo, de sanción y de quita de puntos (bueno, a Tigre algo así le ocurrió en el 2012). Lionel Messi vio cómo el trámite previo entraba en una fase de desconfiguración que, si no se detenía, se iba a transformar en desolación. Por eso, y luego de respaldar a los hinchas que fueron agredidos, le dijo a los suyos que se fueran de la cancha y que no saldrían hasta que se normalizara la situación. Leyó perfecto lo que pedía el momento y no se equivocó. Todo volvió a una impensada normalidad.

Tercer acto: tumbas abiertas

Qué raro debe ser el momento en el que Fernando Diniz abre la cama, quita las almohadas decorativas de la cabecera de su cama y se echa sobre el colchón a pensar que el prestigio amasado al ganar con Fluminense la Copa Libertadores de América, se empieza a derretir a medida que pasan los partidos en esa vida paralela que quiso andar y que lleva el nombre de Selección Brasil, porque ahí en esa dualidad, es Supermán con el club, pero Bizarro con el Scratch. Sin un 9 potente, con grietas gigantes en la cancha de arriba cuando el rival lanza centros y sintiendo el dolor de no contar con laterales que sean verdaderos estandartes de una posición inventada por los brasileños (Emerson Royal y Carlos Augusto, en 1994 o 1998 ni siquiera serían tenidos en cuenta para una lista de buena fe o una selección B) lleva tres derrotas consecutivas: Uruguay, Colombia y Argentina. Impensado ver hoy a Brasil en el sexto lugar de la tabla.

La otra tumba fue la que abrió Lionel Scaloni en la rueda de prensa posterior a la victoria frente a Brasil. Dijo que tenía que pensar lo que vendría; que estos jugadores necesitan un DT con más energía -evocando a Marcelo Bielsa cuando dijo que “la energía que exige absorber todas las tareas de ser entrenador ya no estaban”, por allá en el 2004-, abriendo la puerta para su adiós. Mientras que Scaloni lanzaba sentencias entre líneas, ‘Chiqui’ Tapia, presidente de la AFA escribía en su Twitter “Decime qué se siente”, celebrando alborozado el triunfo. Todo un símbolo que indica que los caminos que los unían, parecen haberse desconectado.

P.D. Me gusta ver fútbol en soledad, sin nadie alrededor. Por eso trato de nunca ir a un bar para observar un juego, porque no termino viendo un carajo con 500 personas al lado pidiendo pintas de cerveza y dividiendo cuentas para ver quién fue el que no puso plata. Tampoco acepto las invitaciones de amigos que me convidan a un almuerzo para ver cualquier match (puede ser Barcelona-Real Madrid o Envigado-Alianza Petrolera) porque la gente no va a ver el partido: va a jartar trago, a atravesarse en medio de la pantalla, a joder apagando la TV y a hablar guevonadas, entre tantas otras cosas. Desde ayer incluyo en mis neuras una nueva: no puede ser posible que haya una alocución presidencial (pregrabada, para más piedra) en el preciso instante que comienza Brasil-Argentina. ¡NO PUEDE SER!

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