Adiós a los héroes

Adiós a los héroes

La llegada de Reinaldo Rueda a la Selección Colombia, desde el punto de vista de Jenny Gámez.

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Jenny Gámez

Jenny Gámez

Foto: Filiberto Pinzón

19 de enero 2021 , 09:42 p. m.

Paciencia es mirar desde la barrera por 15 años, sufrir en silencio, resolver lo que nadie te pide y explicar lo que nadie pregunta en un diálogo con el espejo, sin público, un ensayo eterno para una obra sin fecha. Hasta que un día la justicia hace lo suyo, suena el teléfono, el Sí Quiero atorado en la garganta por tanto tiempo aflora y es hora de sonreír y disfrutar del instante en que sube el telón y se escuchan los primeros aplausos. El regreso, que no por esperado es menos feliz.

El hombre en el espejo es Reinaldo Rueda, el que este martes apareció en escena, una vida después, para asumir el reto que secretamente supo esperar con la única compañía de su propia paciencia.

Pero hoy lo espera, como hace 15 años, un casco, una manguera y un pesado uniforme de bombero. Aunque le moleste la asociación, también él sabe que lo que recibe es un sueño prendido en fuego, a punto de hacerse añicos, hecho carbón en la base y con destellos de pirotecnia, de esa que anticipa tragedias, no celebraciones.

Necesita apagar las llamas pero la experiencia le enseñó que mientras más agua le ponga, más avivará la hoguera. Por eso, porque los golpes le enseñaron a no ofrecerse a las llamas sino a observar, a esperar que aquellos que las encendieron sean capaces de apagarlas, es que no va a intervenir en el camerino caliente que le heredó Queiroz. Al final, ¿qué más da qué se dijeron? ¿A quién le importa la privacidad de su propio santuario más que a los jugadores y quién debe cuidar de eso más que ellos? ¿Quién dice que tienen que explicar sus propias miserias y no resolverlas en una esfera privada, como los hogares reales, que gestionan sus dolores sin tener que contarle a ninguna red social cómo lo logran?

Rueda esperará porque es una de las cosas que mejor hace: "no hay que hacer mayor gestión, uno no se puede hacer el héroe en estas situaciones", dijo él mismo en su regreso al escena como DT de la Selección Colombia.

Así que no esperen explicaciones, no busquen razones, no intenten meter las narices más allá de lo que les es permitido. Una de las grandes evoluciones de las administraciones pasadas fue mantener lejos de tanto manoseo al equipo nacional y eso que tanto cuesta no se puede perder en el efímero interés del chisme. No es tan importante.

¿Qué sí lo es? El juego. Nueve goles en dos partidos no es una alerta, es la evidencia de una profundísima crisis que no se resolverá a la vieja usanza, mirándose a los ojos, diciéndose la verdad, retándose, una anulación total del roce que hace de todo esto la pasión que es. Habrá que darle vuelta a la distancia, en frías reuniones de zoom, confiando en la memoria más que en el conocimiento que solo da la convivencia, la cancha, la falta, el empujón, el fútbol en su estado puro. Ahí está la complejidad de esta nueva tarea.

Son tantas y tan duras las cuestiones pendientes que Rueda inspira poca envidia. Hay que encontrar vías de escape distintas a las trompadas cuando no está Falcao; hay que buscar alternativas en el arco por si a Ospina le da una gripa; hay que pensar en los laterales, donde por lesiones y otras contingencias hace tiempo que no hay indiscutibles (ni Arias lo era antes de la lesión, ni Mojica lo es ahora inactivo, ni Fabra ha dado resultado, ni Tesillo lo fue nunca, ni Cuadrado parece querer asumirlo aunque juegue ahí invariablemente en su club hace dos años); hay que encontrar inamovibles reales en el medio campo porque a Barrios, el único, 'le mató la confianza' Queiroz (desde Sánchez y Aguilar ha sido todo improvisación) y hay que resolver el tema James. ¡Casi nada!

El nuevo DT sabe que si no encuentra los socios y la posición del hombre que hace jugar a Colombia -nada menos- su anhelado regreso será como esas bandas de streaming que hoy pegan una canción y mañana nadie recuerda, el Aserejé de la fiesta, el olvido. Por eso necesita saber cuáles serán sus Allan y Doucouré, a quién elegirá para ser su Richarlison, en dónde pescará para darle un Calvert-Lewin. Rodear al zurdo, quitarle esa absurda presión de 'ponerse un overol' que no le corresponde y fabricarle en Colombia los espacios de libertad que hasta hoy solo ha sabido darle Ancelotti, es un asunto de verdad trascendental. Todo lo demás se llama ficción.

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