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La Copa Libertadores 2020 y sus historias. Nicolás Samper y un ejemplo para los más rollizos. 

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Nicolás Samper

Nicolás Samper.

Foto: A. particular

17 de septiembre 2020 , 06:00 a.m.

No hay excusas para no creer en cambiar el rumbo. No existen motivos por los cuales se deba claudicar en la causa que se tenga en mente. Después de verme fofo, de encontrar a la báscula como uno de esos enemigos que está listo para poner una zancadilla en la autoestima y luego de varias tardes en las que estuve mirando hacia el horizonte mientras consideraba seriamente el uso de acostumbrador, por cuenta de la pasividad física debido a la pandemia, encontré que sí, que hay alguien al que vale la pena admirar. Su nombre es Walter y esta es su historia.

Jugaron Jorge Wilstermann y Atlético Paranaense un partidazo en el marco de la Copa Libertadores. Wilstermann comenzó ganando el juego con gol de Álvarez; y los brasileños igualaron a través de Lucho González. Los bolivianos se fueron de nuevo arriba por el talento del incomprendido -por él mismo- Serginho, dueño de una tonta expulsión que le cambió el rumbo a todo. El juego fue hermoso y emocionante. Pero volvamos a nuestro héroe. Al tipo que de verdad merece mis respetos.

Walter entró faltando seis minutos para el final y se veía bajo de forma. Como yo mientras escribo estas líneas. Rollizo y trotón -como cuando yo salgo del apartamento a bajar la bolsa de la basura- era el arma letal del Paranaense que entendió que con uno más podría ser capaz de conseguir la hazaña. Y en el momento que el tiempo del cronómetro expiraba llegó el gran Walter y luego de recibir un centro a ras de piso pateó y venció la portería boliviana. Fue 3-2, alegría brasileña condimentada con ese hermoso gusto que tienen los triunfos conseguidos en medio de la agonía.

Y fue redención para Walter que anduvo en la mala. Su más dura batalla fue contra la báscula: en el Goías contaba que volvió a sentir la alegría de jugar, como en los comienzos, en la campaña 2012/2013 pero los médicos se aterraban porque la pesa marcaba 108 kilogramos. El peso ideal de acuerdo a lo que relató en varias entrevistas era 94 kilogramos.

Contó con su momento de gloria, permaneciendo nueve campañas en el Porto, tras brillar con el Inter de Porto Alegre. Su regreso marcó el mismo ritmo de una veleta: Goías, Fluminense. Paranaense, Goianiense, Paysandú, Alagoano… y allá en ese equipo le tocó la peor tajada de la vida, porque disputando un anodino encuentro frente al Brasil de Pelotas en el 2018, dio positivo en el control antidoping. Se encontró en su muestra de orina furosemida y metabolitos de Sibutramina, que son químicos que hacen parte de ciertos medicamentos que se utilizan para adelgazar.

En un principio lo castigaron con un año de suspensión, pero después la sanción se recrudeció mucho más: le agregaron un año más.

Anduvo 637 días por fuera, hasta que el pasado 22 de agosto volvió de nuevo al Paranaense, a pisar el verde césped. Ese club lo quiso recibir a principios de año con la promesa de hacerle un tratamiento para poder bajar la mayor cantidad de kilos en tres meses y lo consiguieron: pasó de 117 a 94.

Con esos 23 kilos de menos y la fe intacta, se recibió de héroe con apenas seis minutos en cancha ante el Wilstermann.

Walter protagonizó su propia historia de redención en medio de un gran partido de Libertadores. Yo, mientras tanto, iré a por unas pesas antes de bajar nuevamente la bolsa de basura hasta el sótano.

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