Detrás del diez

Detrás del diez

Nicolás Samper recuerda cuando conoció a Diego Armando Maradona, quien está cumpliendo 58 años.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

30 de octubre 2018 , 02:11 p.m.

Era cuestión de esperar con paciencia y menos mal había bancas suficientes y cigarrillos disponibles. Estaba a las afueras del hotel Radisson Royal, que ocupa una de las siete majestuosas torres que mandó construir Stalin en la capital de la antes llamada Unión Soviética, y todavía faltaba hora y media para ver si podía encontrarme con él, aunque fuera de rapidez. El mundo Maradona obliga a eso: a que todo sea de rapidez.

No es tan fácil llegar a él porque, igual que cuando jugaba, es un ser impredecible. Así como puede llegar a la hora pactada, de pronto nunca arriba al destino que parecía trazado. Todo era una apuesta arriesgada que en principio apuntaba a entrevistarlo brevemente pero la advertencia era clara: el hombre no está hablando. Un par de días antes, en San Petersburgo, sus poses extrañas daban la vuelta al mundo porque, en medio del partido entre Argentina y Nigeria, el 10 se descompensó y tuvo que recibir asistencia médica. Ya no era el gran protagonista de las jugadas brillantes, como el gol ante los ingleses en 1986 o el muchachito retador que mandó callar a Hugo Gatti cuando lo trató de “gordito” en el previo de un juego entre Argentinos Juniors y Boca. Era el foco de los memes, de las burlas, de los rumores. No estaba el palo para hacer muchas cucharas.

Entonces hubo que colarse al hotel, al majestuoso Radisson Royal, haciendo cara de quien tiene allá una suite y subir al ascensor sin tarjeta, esperando a que alguien la introdujera en la ranura para poder oprimir el piso 11, el cuartel en el que se estaba grabando el programa ‘De la mano del diez’ y llegar hasta allá haciéndose el desentendido hasta que una mano amiga se apiadara. La mano amiga sabía que debía rescatarme en el lobby, pero el resto de la tarea iba por mi cuenta.

Allí, en un cuarto adaptado como set de televisión ya estaba Víctor Hugo Morales sentado, recibiendo instrucciones de Pablo Aro Geraldes y era imposible certificar si Maradona asistiría. Los ídolos a veces son así. Llegó entonces el llamado al teléfono de uno de los productores: “Diego va subiendo”. Todos se ubicaron en posición y a paso muy lento, mirando todo con detalle apareció el 10 más importante de la historia del fútbol. Tenis puma dorados, pantalón de sudadera negro, camiseta negra con arabescos dorados y dos laderos que lo acompañan a todas partes. Se deshizo de ellos temporalmente para saludar a todos muy afectuoso, incluso a mí, sin conocerme y sin tener idea de quién carajos era yo. “¿Cómo está maestro?” fue su saludo y siguió con los demás.

Empezó el programa y charlaron de la jornada, de los niños perdidos en una cueva en Tailandia y en una revista francesa que le había hecho un homenaje a Diego. El final del programa llegó con aplausos cerrados y con un Diego veloz que antes de irse accedió a la foto y poco más. Sonrió, se despidió y se fue. “Gracias por venir, maestro” fue su adiós.

Así fue conocer de rapidez a un crack, que hoy cumple 58 años.

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