Radamel: recuerdos de lo que vi y de lo que no vi

Radamel: recuerdos de lo que vi y de lo que no vi

Nicolás Samper cuenta la anécdota del exfutbolista samario, padre de Falcao, y lamenta su partida.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

08 de enero 2019 , 02:38 p.m.

Siempre que iba al Campín a ver el partido Millonarios-Unión Magdalena existía una leyenda. Bueno, leyenda es un decir porque fue un suceso que ocurrió pero que yo no logré presenciar o que mi memoria decidió borrar de tajo. Para mí era leyenda por ese motivo. Contaba el “Satélite futbolero” -el querible folleto de papel periódico que entregaban en la entrada del estadio y que era tradición agarrarlo para leer tabla de posiciones, fecha actual, próxima fecha, goleadores y editorial en el doblez inicial- que la última vez que Millonarios había caído en casa ante los samarios la mente debía trasladarse hasta el 14 de octubre de 1984.

Sí que oí relatos de esa tarde: porque en el texto de “Satélite futbolero” apenas decía que aquella vez el azul perdía 0-1 ante el Magdalena con gol de Radamel García, recio zaguero central de la formación visitante. Porque a Radamel lo vi varias veces pero después; justo esa tarde no. Entonces empecé a preguntar cómo había sido ese tanto que le arrancó por esos tiempos la ilusión a Millonarios y oí versiones diferentísimas sin poder establecer la verdad absoluta: algunos me decían que había sido un remate de tiro libre desde muy lejos, casi desde el Rodadero, que tomó despistado al gigantesco Pedro Vivalda; otros, que se trató de un cabezazo justo, de los que marcan los defensas centrales; alguien más me habló de varios rebotes y un fusilamiento…

Pero jamás me he podido ver con alguno de los 18.064 espectadores que se reunieron en El Campín aquel día para que me confirmen si el gol fue tal como las anteriores descripciones o si en realidad fue otra cosa completamente diferente a la que imagino. Ni siquiera pude establecer en qué portería fue.

Me fui a revisar las crónicas y Víctor Rosas, editor de deportes del diario El Tiempo escribió en Cronómetro -la revista de deportes que llegaba como anexo al diario los sábados con entrevistas y resúmenes-: “Los cuatro puntos que disputó el Magdalena en El Campín por el torneo nacional, se los llevó. Las características fueron similares porque esta vez Millonarios se vio bloqueado, además de carecer de las mínimas ideas para abrir la zaga del visitante, por la apatía de sus jugadores y por su pobre patrón de juego. Magdalena, que en el primer tiempo se contentó con el gol, se fue en busca del segundo en el complemento por todas las facilidades que le brindó el local y si bien la diana de Radamel García dejó la duda del fuera de lugar, fue un justo ganador porque se “comió” otro par frente a Vivalda”. El Unión tenía muy buen equipo: lo dirigía Eduardo Retat y estaban entre otros Miguel Gasparoni, Víctor Ephanor -escogido como la figura del encuentro-, Mario Bianchini, Guillermo “efectividad” Serrano, Víctor González Scott y Eduardo Emilio Vilarete. Hay una pista: hubo una polémica por offside, así que el cabezazo y el rebote toman fuerza como realidad.

Radamel García entonces se transformó en ese miedo a perder en Bogotá porque el Unión pocas veces lo consiguió. Cada vez que saltaba al campo, largo, alto, algo lento en el mano a mano, de buen cabezazo en defensa y ataque, veía a Radamel como un riesgo latente de derrota por aquel gol que nadie nunca me pudo explicar.

Y en 1989 vestido con la camiseta del Atlético Bucaramanga en crisis de resultados pasó algo similar: no hizo el gol pero fue una muralla. Él y el arquero Van Stralhen se interponían en cada intento de Millonarios, un Millonarios buenísimo, líder y que tenía como figura a la Gambeta Estrada, inhabilitado para jugar esa tarde por acumulación de amarillas. Esa tarde el Bucaramanga -que no vencía al azul en Bogotá desde un triunfo en el año 81 con gol de Sergio Saturno- ganó 1-0 con gol de Flaminio Rivas. Ahí sí me tocó estar en la grada.

Radamel García, figura de la cancha, de nuevo se había salido con la suya.

Paz en su tumba.

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