Bonetti, Banks y los planes de Moctezuma

Bonetti, Banks y los planes de Moctezuma

Nicolás Samper recuerda al mítico arquero inglés y la falta que le hizo a Inglaterra en un Mundial.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

13 de febrero 2019 , 01:38 p.m.

Inglaterra estaba reinando el mundo. Por fin los inventores del fútbol podían jactarse de ser los mejores en aquella disciplina en la que fueron pioneros pero por cuenta de su arrogancia habían sido víctimas del dolor de quien ve la mancha de su propia flema en la solapa al haber escupido hacia el cielo.

En 1950, por ejemplo, se supieron ganadores antes de saltar a la cancha. Querían competir pensando en la lástima que les producían sus adversarios y la ignota Estados Unidos los frenó en seco enviándolos prematuramente a la casa. Y cuando sentían que ese amor propio de ser la patria que hizo ver este deporte como algo realmente serio estaba de regreso, decidieron enfrentar a una Hungría en Wembley que sería un adversario propicio como para reafirmar esa belleza que solo veían ellos a partir de su propio reflejo en el espejo. Difícilmente se recuerde peor humillación de los Magyares en pleno templo sagrado. Fue 6-3 en contra tres años después del descalabro en el mundial brasileño: Puskas, Hidegkuti y Kocsis envolvieron a los 11 ingleses en la alfombra real y divirtieron en el campo.

Pero 1966 era el año para reafirmar que en efecto ellos sí sabían jugar y que no había mejor equipo que ellos. Tuvieron ayudas arbitrales -Nobby Stiles fue el rey de la impunidad ante sus infracciones, Argentina sufrió la expulsión increíble de Rattin por cuenta de una “mala mirada”, goles fantasma como el de Geoffrey Hurst en la final frente a los alemanes que ningún VAR habría podido resolver satisfactoriamente- y el mundo pensó que a pesar de Moore, Charlton y Banks -los tres cracs que brillaron en esa formación inglesa de Alf Ramsey- el triunfo inglés había dejado cierto tifo a deslealtad.

Y de nuevo es como si la fortuna le diera la espalda a Inglaterra, porque antes de defender su campeonato en México 70 su plantilla quedó enredada en aquel triste episodio de la Esmeralda robada en la joyería “Fuego verde” del Hotel Tequendama y que mandó a Bobby Moore a dormir en una comisaría y a recibir asilo temporal en la casa de Alfonso Senior.

Luego los mexicanos se enteraron que los de la isla iban a llevar miles de litros de agua a su país porque les comentaron que el agua allí era poco menos que potable. Y la montada fue monumental: nadie olvidaba que cuatro años atrás los hinchas, el DT Ramsey y algunos jugadores trataron a los argentinos -americanos por solidaridad- como animales.

Pero ahí, en medio de un equipo que perdió sus maneras, emergía Gordon Banks, porterazo con mayúsculas, dueño de un duelo tipo Cristiano-Messi en esos tiempos con el mítico soviético Lev Yashin. Banks, fallecido este martes, la rompió en el Mundial del 70 con aquella volada ante Pelé. E Inglaterra encontraba paz en la presencia del arquero leyenda de Stoke y Leicester cada vez que la pelota aparecía en el área propia.

Pero cayó la mala racha de nuevo. Las excusas de haber importado agua no eran infundadas porque Banks, en un instante de recreo, decidió tomarse una cerveza fría pero tuvo mala suerte porque el barman olvidó secar bien el fondo del vaso; y ahí había una gota de agua mexicana, dice la leyenda. Y esa insignificante porción de juagadura lo mandó primero al baño y después a la enfermería por cuenta de una durísima gastroenteritis, la llamada “Venganza de Moctezuma”.

Sin su cerrojo, le tocó salir a Bonetti a reemplazarlo: leyenda del Chelsea como guardameta y portero nervioso en la cita mexicana se vio comprometido en la remontada frente a Alemania en segunda fase: los ingleses vencían 2-0 pero los teutones, valientes e inmortales, y sabedores de que al frente no estaba Banks, remontaron a su favor con un 3-2.

Fue un final mundialista que Banks no merecía.

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