La vitrina de los ídolos

La vitrina de los ídolos

Nicolás Samper explica porqué para él, Miguel Russo quedó en la entraña como DT de Millonarios.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

07 de noviembre 2018 , 11:04 a.m.

Planteaba Guillermo Arango, en radio, el tema de la idolatría dentro de los equipos de fútbol y me preguntó si para mí Miguel Ángel Russo estaba inmerso en ese olimpo personal que uno va armando poco a poco a partir de las vivencias propias y de las experiencias que cada quien tiene con el color de sus afectos. Y Russo sí que está ahí incluido en ese sitio.

Sí digo que hace parte de esos ídolos, por las imágenes que le quedan a cada quién y por las sensaciones transmitidas en esa etapa. Y es que de esa manera uno construye esa vitrina en la que reposan aquellos que siempre van a tener nuestro cariño. Russo tiene varios flancos para contarse como ídolo de muchos sitios: en Estudiantes de La Plata, además de haber jugado toda su carrera allí y ser parte del ADN de esa institución, se le recuerda mucho por un instante épico que él protagonizó con el club, aquella noche en la que Estudiantes perdía 1-3 en casa contra Gremio y su equipo se había quedado con cuatro hombres menos. Esa noche, él, poco afecto a explorar las redes, hizo el 3-3 que aún resuena en la mente de quienes vieron a Verón, Conigliaro, Manera, Poletti, pero que también presenciaron las gestas de Palermo, Verón (hijo) y Pavone. Como DT, los ascendió a primera tras un descenso inesperado y triste.

En Lanús lo guardan en la mesita de noche siempre, porque por su concurso aquel equipo perdido en el ascenso pudo volver a la A con su dirección. Y porque Russo implantó ciertas políticas que ayudaron a la continuidad de un buen trabajo que perduró en el tiempo. Hoy Lanús es un equipo asentado y con procesos, un poco por el aporte de Miguel.

En Central no pudo levantar una copa en Primera, pero, igual que en Estudiantes, ganó el ascenso para un club gigantesco del interior argentino; y una postal también quedó en el recuerdo del hincha que siempre quiere pensar en aquellos buenos momentos que un tipo le dio: fue en 1997 cuando, con un equipazo, Central derrotó 4-0 a Newell´s Old Boys en el famoso ‘clásico del abandono’. Nadie olvida que Russo -además de jugadores como Carbonari, Coudet y Carracedo- se vistió de inolvidable esa tarde triunfal.

Antes de que la U. de Chile levantara la Copa Sudamericana, con Jorge Sampaoli, evocaba al flaco DT porque él fue el único que los puso muy cerca de la gloria, por allá en 1996 cuando alcanzó las semifinales de la Copa Libertadores. Lo eliminó River, que luego sería campeón, pero esa gesta hace que en la ‘U’ el cariño sea eterno.

A mí me deja Russo tres recuerdos: el de su lucha personal para superar una enfermedad y seguir frente al barco; y el de llevarse dos títulos ante los rivales de siempre. Por eso, y a pesar del opaco final, Russo está en mi vitrina.

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