Si se jugara siempre así…

Columna de Nicolás Samper sobre la grata impresión que dejó el duelo entre Nacional y Millonarios.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Nicolás Samper.

Foto: Archivo Particular

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01 de junio 2022 , 08:41 a. m.

Estaríamos hablando de otra cosa. Porque partidos como el de anoche como el que jugaron Nacional y Millonarios, además en medio de un marco conmovedor de público, son los que hacen fácil convencer a los que descreen del fútbol que sí, que acá en nuestra liga y a pesar de todo, también se logran ver juegos que no nos hagan levantar de la silla.

Y digo que muy frecuentemente nos levantamos de la silla por cuenta de despropósitos tales como el famoso Envigado-Rionegro Águilas, aquel que comenzó con 7; o el Llaneros-Unión Magdalena que nos envió a varios directamente a vomitar, por cuenta del desarrollo de los últimos tres minutos de un encuentro que, para la memoria, no existió en sus 87 minutos previos. Fue tan feo lo de los 180 segundos restantes que cualquier recuerdo anterior se bloqueó inmediatamente, así como las invasiones vergonzosas que se dieron dos veces en el Sierra Nevada, durante los choques que el local, Unión, disputó ante Bucaramanga y Junior, con heridos y muerto incluido en este paquete macabro y doloroso, sin dejar atrás el olvidable y a la vez inolvidable Jaguares-Medellín, en el que un paro armado no fue capaz de frenar el ímpetu de los locales en su inmensa falta de sentido común y que dejó como imagen irrepetible ver cómo los celestes de Montería hacían toques de pelota sin adversario al frente porque el DIM vio que no era posible ir a jugar en semejantes condiciones de seguridad tan precarias.

Nos estamos acostumbrando a eso desde hace rato: a las postales que provocan risa, pero como único motivo válido para frenar el llanto y entonces es cuando tanto Nacional y Millonarios deciden dar una esperanza. Y hablo del torneo local, porque, para poner un ejemplo, los partidos que disputó Tolima frente a América MG y Atlético Mineiro también fueron un descanso, una sonrisa, lo que pasa es que en el recuento no se incluyen porque estamos solamente dedicados hoy en este espacio a la reseña del campeonato casero.

Se jugó tan bien en Medellín que hasta terminaron minimizados los yerros del árbitro Carlos Ortega. El clon arbitral de Rafael Santos Borré le anuló mal un gol a Olivera y dejó de expulsar a Candelo después de una infracción a Ruiz y quedó en medio de los grises una falta de Cabal sobre Herazo en el área.

Pero entre Macallister Silva -un gran buscador de recodos imposibles para encontrar atacantes libres y capaz de manejar los tiempos-, Daniel Mantilla -desborde de ímpetu y un poco el alma de Nacional cuando las luces parecen apagarse en cada línea-, Larry Vásquez -que pasó del ostracismo en Junior a ser una pieza importantísima en el mediocampo de Gamero-, Emmanuel Olivera -víctima de Ortega siendo castigado por una sanción defectuosa que pudo ser un gol a su favor, pero capaz de hacer una salvada heroica ante la definición acertadísima de Herazo frente a Mier-, Juan Carlos Pereira -lleno de criterio para quitar y jugar bien la bola-, Jarlan Barrera -que cuando se quita cierta actitud displicente sabe que es capaz de marcar diferencia- y los demás, que con yerros y aciertos, consiguieron cuajar un partidazo de esos que da gusto ver, incluyendo a los dos entrenadores, ansiosos de ir hacia adelante, a pensar en el arco del otro, a hacer daño desde el juego, como corresponde.

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