Hablemos de himnos

Hablemos de himnos

Opinión de Nicolás Samper sobre los “actos protocolarios” en Colombia y el mundo.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

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14 de abril 2021 , 06:33 p. m.

Narváez, jugador ecuatoriano del Tolima, hoy es el centro de las miradas en un fútbol que se rige por fijarse en las formas, más que en el fondo: el ejemplo claro de eso fue esa defensa de disputar el espurio, ridículo y penoso encuentro entre Rionegro Águilas y Boyacá Chicó porque “se están cumpliendo las normas”, “porque la ley es para cumplirla”, “porque para qué votaron los dirigentes esa medida, pues que la acaten”. 

A veces hay cosas más allá del reglamento, por ejemplo, una difícil pandemia que está llegando al pico tercero en cuanto a mortalidad y contagios. Ante la protección de la vida no hay normativa que valga pero, como es lógico, no se pensó en eso, sino en jugar, porque hay que cumplir el reglamento. Como si no disputar ese esperpento fuera un pecado mortal porque se hizo caso omiso a la norma. En fin…

El caso es que Narváez se echó un madrazo tremendo en medio de los actos protocolarios que se enmarcaron en el partido Tolima-Bucaramanga, que se pudo haber evitado. Es un pecado, sin duda, pero venial. Cabe la misma crítica en ese caso -si es que nos guiamos por las formas- que también se cuestione a esos futbolistas que son enfocados por las cámaras en medio de los actos protocolarios mandando besos, saludando a su familia y demás cosas que ocurren en esta obligada izada de bandera. Casos puntuales han sido mundialmente famosos, un poco más fuertes. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, aquel memorable putazo de Diego Maradona en medio de la final del Mundial de Italia en 1990? ¿o aquel madrazo de Hamilton Ricard, cuando estaba esperando en la banca, en el Mundial de 1998?

Puede que lo de los himnos también, en cuanto a formas, sea algo caduco. O no. En Colombia se estila poner el himno de la nación, primero, y después, el himno de la ciudad. Y las anécdotas no faltan tampoco en este rubro. Juan Gilberto Funes, en tiempos en los que jugaba en River Plate, estuvo cantando el himno nacional de Colombia en la final de Libertadores contra América en 1986, lo que fue tomado como un genuino acto de amor del argentino a nuestra patria. Y hay que pensar en Messi y la lluvia de cuestionamientos que han caído sobre él por no cantar el himno de su país. Cantos desafinados en ocasiones, equivocaciones en la letra de artistas que pensaría uno que se saben la letra, operadores de audio que, por desconocimiento, han puesto el himno de Corea del Sur a la delegación de Corea del Norte o cuando han usado el himno de la España franquista en ciertas excursiones de equipos o selecciones ibéricas por otros campos.

Hay hinchas del himno previo -que defienden la postura como un acto de respeto al país que sale al campo y como un potenciador de emociones para aquellos que están defendiendo una divisa- y hay hinchas de abolir la tradición.


¿Usted de qué lado está?

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