¡Bailá ahora!

¡Bailá ahora!

Messi le reprochó a Mina tras su cobro de penalti en Colombia-Argentina. Nicolás Samper, también.

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07 de julio 2021 , 01:11 a. m.

La frase fue de Lionel Messi, apenas el disparo de Yerry Mina fue atajado de manera brillante por Emiliano Martínez. Y la frase, obvio, tiene su propio contexto y está relacionada con esas extrañas maneras propias, que a veces desconcentran más que los propios rivales. Messi le espetó esa frase a su excompañero de Barcelona por lógica pura: NO se celebra con bailecitos un cobro acertado durante una definición desde el punto penal, a menos que ese remate sea el último y, además, que la pelota entre para poder cantar victoria.

La imagen no es nueva en Yerry Mina en esta clase de momentos. Porque frente a Uruguay pateó ante Muslera y sin que la serie hubiera finalizado se fue a hacer su coreografía, de la nada, en medio de la incertidumbre que está cimentada en la no culminación de la tanda. Mal, porque es como si -o así lo interpreto yo- solo tuviera tiempo para celebrar su pequeño triunfo personal: el de marcar en un momento de presión y no el del equipo. Es como decir: “lo hice yo, ya el resto, de malas”. El grave problema es que Mina no es ni será el último pateador. Falta mucho para que el letrero de “Fin” aparezca en el cine y se prendan las luces mientras se despliegan los créditos.

El tiempo pasa y tantos sucesos que llegan al tiempo hacen olvidar que el mismo Yerry, durante la definición de tiros desde el punto penal contra Chile en la pasada Copa América 2019, cometió el mismo error: venció la portería de Arias y luego de eso, sin que se finiquitara nada más que su propio acierto, besó las canilleras y luego, ante las cámaras, hizo su propio sandungueo.

¡¿Para qué?! ¡¿Qué necesidad?! ¡No se ha ganado nada todavía, Yerry! La historia ya es conocida: William Tesillo, el último encargado de patear, desvió la pelota y Colombia terminó eliminada. ¿Y el baile? ¿Dónde lo metemos?

En España también el zaguero de Guachené se dejó tentar por su propio ritmo en medio de los penales que decidieron la Supercopa de Cataluña. Se paró frente a la portería del arquero adversario, se impulsó, disparó con la pierna derecha -entre otras los tres cobros citados fueron fotocopias en cuanto a ejecución, técnica y lugar de remate, lo que hace que Mina sea fácilmente estudiado a la hora de estas definiciones- y claro, el baile, en medio de un instante en el que aún la conclusión parece lejana. Esa vez Barcelona ganó 4-2. Pero insisto. ¿Para qué celebrar?

Diferente es el grito de gol de un delantero que le toca definir en esa instancia o el puño apretado porque es más una catarsis. Un desahogo frente a ese momento. Pero ¿Un baile cuando absolutamente nada está dicho?

Falta mucho por aprender, incluso en hombres que son veteranos. Falta mucho ordenar mejor las ideas, porque, en ocasiones, pareciera que se malgasta mucho tiempo ensillando aquel caballo inexistente que nos conduce primero a pensar en la manera de celebrar, antes que en la posibilidad de hacer el gol.

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