Los ojos del inquilino
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Los ojos del inquilino

Opinión de Julián Capera sobre el uso del estadio El Campín de Bogotá.

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Julián Capera

Julián Capera

Foto: Archivo particular

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23 de septiembre 2022 , 07:28 a. m.

Clientes habituales que les caen mal. Los reciben y les alquilan cada semana, pero no los miran a los ojos ni les estrechan muy fuerte la mano. La alcaldesa Claudia López y su directora del Instituto de Recreación y Deporte, Blanca Durán, han demostrado más de una vez que si fuera por ellas, probablemente, ni habría fútbol profesional en los estadios de Techo y El Campín.



Pasó en la pandemia. Bogotá anunció, a cuatro días del reinicio del reinicio de los campeonatos, que no iba a permitir la práctica de fútbol de primera y segunda división en la capital (ni siquiera a puerta cerrada). Fue la ciudad que más trabas puso para firmar la autorización. Para ese entonces, se valía embutirse en un par de cuadras, con tapabocas mal puesto, para el Madrugón de San Victorino o aglomerarse en una esquina de la ciclovía para comprar juguito de naranja, pero no jugar fútbol entre aquellos que llevaban más de un mes siguiendo un protocolo real y sometidos a pruebas constantes para verificar su estado de salud.

Antes, cuando la Alcaldía decretó cuarentena por localidades en la capital, algunos equipos adelantaron la gestión para que se les autorizara entrenar en un escenario alterno, manteniendo la dinámica de bioseguridad que venían aplicando en sus sedes deportivas. Nunca recibieron respuesta.

Ahora el lío viene por cuenta del concierto de Harry Styles. La alcaldesa ha pedido públicamente aplazar las finales del fútbol colombiano para que el evento musical, programado para el 27 de noviembre, pueda mudarse de Salitre a Mágico al escenario deportivo. Así de fácil. Desconociendo compromisos previos y calendarios concertados. Ignorando que el campeonato colombiano será uno de los pocos que se continuará jugando después del arranque de la Copa del Mundo y que no es posible posponer más su terminación. Obviando también que ya hay un oficio en Dimayor que dice que El Campín estará inhabilitado entre el 15 y el 21 de noviembre (semana de las últimas dos fechas de cuadrangulares) por la presentación de Bad Bunny.

Pretenden que los platos rotos por los malos cálculos de la empresa organizadora de los conciertos, expuestos en el reciente show de Dua Lipa, los pague el fútbol. Que si Millonarios y Santa Fe clasifican a la fase definitiva del campeonato busquen donde ejercer localía y resignen la ventaja deportiva a la que tienen derecho.

Está bien que no les guste el fútbol, pero sus cargos no se tratan de eso. Es cierto que la polémica acabará el día que los clubes logren al fin tener sus propios escenarios (y los alquilen incluso para conciertos, volviéndose competencia del distrito). Sin embargo, eso no parece cercano; y mientras tanto, como clientes habituales que pagan importantes sumas en arriendo cada semana, merecen ser tratados con algo más de respeto. Merecen que los miren a los ojos y les respeten lo acordado.

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