Fuego amigo

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Nicolás Samper habla del caso de los hermanos Romero, paraguayos con problemas en San Lorenzo.

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12 de enero 2021 , 12:13 p. m.

Es parte de la vida encontrarse con gente que, aunque hace parte del mismo equipo de uno, se comportan como si fueran un contingente del bando contrario. La vida laboral está plagada de personajes con los que es complicado lidiar -no simplemente por una cuestión de temperamentos disímiles ni mucho menos- pero hay algunos que a veces se pasan de rosca y el objetivo primordial, que es el trabajo en equipo, se termina transformando en un desgobierno en el que a partir de las divisiones, empiezan a generarse repúblicas independientes que no están alineadas en el mismo camino.

Pensaba entonces en los hermanos Ángel y Óscar Romero. Jugadores de gran calidad, pero más complicados que armar un cubo Rubik en 30 segundos. Fueron noticia en Argentina porque se agarraron a trompadas con el ex Gimnasia y Nacional Fernando Monetti después de que San Lorenzo cayera goleado 4-1 contra Banfield. El arquero les hizo una acusación fuerte: nunca aparecían para salvar a su equipo cuando los necesitaban y ahí se armó el bonche. Los dos, tanto Ángel como Óscar, son solícitos en afirmar a través de sus actuaciones de que su objetivo en la vida está mucho más destinado a lo individual que al esfuerzo que todos deben hacer por cuenta de un equipo.

Poco antes, en un San Lorenzo lleno de altibajos, Angelito -que de su nombre pareciera tener más bien poco- le fue muy fuerte a un compañero en medio de una práctica. El muchacho, llamado Andrés Herrera, era uno de los buenos proyectos en juveniles que el club andaba promocionando. Sus buenos rendimientos lo cotizaban al alza en el mercado interno y en especial por fuera de las fronteras argentinas: Palmeiras le echó el ojo al lateral derecho -y mire si hay que ser bueno para que, en Brasil, el país en el que se inventaron los laterales, estén buscando uno de otro lugar del mundo- y se habló de una cifra cercana a los cinco millones de dólares para concretar el negocio.

Ángel ese día se levantó quién sabe cómo y en una jugada de práctica común y corriente cazó al juvenil como si se tratara de un puma sobre un cervatillo en algún programa de Discovery Channel. Herrera no se pudo levantar del césped después de la entrada feroz de su coequipero y se lo llevaron de urgencia para ver qué le había ocurrido. El diagnóstico no fue muy alentador: fractura infrasindesmal del peroné izquierdo.

Casos así abundan en la vida y en el fútbol. En ocasiones el enemigo está más cerca de lo que nuestra mente podría imaginar.

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