Peor imposible

Peor imposible

Nicolás Samper hace un triste resumen del fútbol colombiano y sus escándalos en 2020. Ojo al 2021. 

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

29 de diciembre 2020 , 03:00 p. m.

Difícil pensar en un porvenir más negro en el 2021 si es que hablamos de fútbol, en especial, de fútbol casero. Se tendrían que hacer aún peor las cosas -asunto que es probable también, teniendo en cuenta los que gobiernan- para estar dándonos cuenta que ese final del pozo profundo todavía no aparece, porque siempre se podrá estar peor.

Y hay que pensar en lo que ocurrió, por ejemplo con la Selección Colombia y todo lo que estuvo a su alrededor. Directivos sumamente cuestionados, sanciones por cuenta de lo ocurrido con la vergonzosa reventa de boletería (no hay que olvidar ese cruel juego de aquellos involucrados que decidieron jugar con eso para entender de qué son capaces), un proyecto deportivo elegido a las cagandas, pensando siempre en ahorrar sueldos antes de imaginar que un proyecto sólido es capaz de dar más dinero del que supuestamente genera un ahorro, los resultados que no acompañaron… aunque a veces los resultados tienen más que ver con el juego mismo: un equipo que lo hace bien en cancha tiene mayores posibilidades de irse de la cancha con una sonrisa y hasta los clubes míticos por su manera de actuar en el campo supieron perder. Pero la idea futbolística, que no puede ser algo indiferente- debe estar tan bien definida que esa convicción es el motor principal para lograr cosas grandes. Y ese detalle fue el principal ausente del 2020 por lo que ya se ha dicho de Queiroz en tantas partes, pero más por lo que la selección transmitió a lo largo de un período escarpadísimo.

Y mientras miran a ver cómo apagan el incendio que ellos mismos se encargaron de avivar, en el torneo doméstico resulta imposible ver peores cartas: clubes que adeudan a sus proveedores y que después dicen que dónde se paga que ellos no lloran por chichiguas, equipos que mueren y que de pronto reviven, dirigentes que hacen denuncias sobre alteraciones y que al final no presentan pruebas, otros que son hasta capaces de blandir armas en medio de agrias disputas dirigenciales, formatos de torneo mucho más pensados en el negocio que en la pandemia, equipos felices de pensar en ese hermoso sueño de repetir la oligofrénica organización de un campeonato de perdedores para otorgar cupos a copas -haciendo que se pierda también de esta manera la competitividad y el mérito porque el que se lleva una clasificación a un torneo internacional lo hace porque su campaña fue plausible, salvo en Colombia-...

Peor que el 2020 no podrá pasar nada. Aunque es mejor no retar al destino, que siempre será capaz de burlarse de nosotros en cualquier esquina.

A los lectores de esta columna les deseo -a pesar de las apocalípticas predicciones- un año 2021 lleno de cosas buenas.

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