FIFA 21

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Nicolás Samper agradece al videojuego por sacarlo de la rutina, pero critica sus maneras.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

25 de noviembre 2020 , 06:02 a. m.

La pandemia entre otras nos recordó lo solos que podemos estar. También fue capaz de acabar ritos que no pueden romperse y con los que cada uno ha sabido construir la vida malqueriente que podemos arrastrar. Entonces terminó siendo un milagro poder hacer cosas que antes eran parte de lo habitual: visitar a la mamá, saber cómo está mi hermana, verse con los amigos para echar tinto y desde el 2001, la misión con Adolfo Zableh ha sido jugar por lo menos una vez a la semana fútbol en FIFA.

Esa costumbre que sirve para supuestamente quitarse algo de estrés del día a día -y que en realidad provocó daños de controles, iras rubicundas ante un gol inesperado en contra en el último minuto, apuestas que ya no van más para reducir la posibilidad de irnos a los golpes porque no es necesario por semejante pendejada y porque la amistad es más importante que el PlayStation (aunque una goleada en contra puede estar moviendo los cimientos de ese poderoso tótem edificado con él desde 1995), tuvo que suspenderse apenas el virus hizo que las puertas se cerraran definitivamente para muchos. Por lo menos hay salud, decíamos aquellos que nos cuidamos y nos dedicamos a escondernos en las catacumbas para ver si algún día este fin del mundo termina de pasar y mientras las cifras diarias que hablan de la misma cantidad de nuestros que deja un accidente aéreo que ocurre a diario, de golpe de a poco empezamos a saber vivir contra el enemigo invisible.

Después de muchas discusiones, de tomar precauciones extremas cercanas a vestirse como astronautas y de regar litros de alcohol en las manos, se tomó la decisión de romper el largo verano causado por la pandemia y la cita para jugar de nuevo sobresalió en la agenda de los dos. FIFA 21 y la expectativa podían ser suficiente aliciente como para repensar y volver, igual que el fútbol de carne y hueso.

Después de dos jornadas en las que yo estoy al mando del Leeds United, mi lugar en la tabla de la premier league es el 13. He marcado 67 goles, pero he recibido 93 y he aquí uno de los grandísimos defectos de esta versión del juego. Los arqueros parecen refuerzos de Millonarios antes de Juanito Moreno, porque no agarran un balón. Ese es el peor problema de una versión bien decepcionante de esta diversión que deja de serla al imaginar que cada ataque del adversario es un gol seguro. Manchester City me ganó 9-2 con el añadido de que Adolfo, manejando al City, me realizó diez disparos. Nueve terminaron dentro de la portería. Yo hice tres remates con Leeds y anoté dos goles. Así, es un desastre cualquier posibilidad de jugar decentemente. Porque el regate es fácil y las defensas se deshacen en medio de una realidad virtual muy cercana a la ficción. Y esa era la gracia de FIFA: su realismo en muchos puntos de sus versiones. Acá es todo fantasía. Leeds-Alkmaar por Europa League: hice seis remates y gané 6-1. Sin contar, claro está, con mil cosas más: la mala actualización de las nóminas titulares y uniformes, la falta de estadios, ligas… parezco hablando de fútbol colombiano, pero no, estoy escribiendo sobre FIFA 21.

Hasta que la versión no mejore, mejor no jugar más. Ya corre uno suficientes riesgos por cuenta del COVID saliendo de la casa, como para que ahora nos salgan con semejante chorro de babas.

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