El ingenio de la escalera

El ingenio de la escalera

Columna de Nicolás Samper para leer con el youtube listo. Se acordó de dos jugadores del FPC.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

09 de febrero 2021 , 03:45 p. m.

Una de las grandes frustraciones de los seres humanos pasa por pensar en lo que se pudo hacer o decir y que no se hizo en el momento requerido. Cada tanto tenemos discusiones con nosotros mismos sobre esa vez que debimos responder alguna cosa de una manera ante alguien que nos estaba retando y al final ese anhelo termina difuminándose porque no lo hicimos en su momento. Pasa en la vida, pasa en el fútbol.

A esa miserable circunstancia la llamó Diderot -supe de esto leyendo un artículo en Selecciones Reader´s Digest- “el ingenio de la escalera” y esa expresión es la respuesta adecuada que se nos viene a la mente cuando ya es innecesaria para salir de un embrollo. De hecho, en Seinfeld, George Costanza -aquel perdedor maravilloso que hacía parte de esa logia de extraños vecinos de la popular serie- dura todo un capítulo tratando de resolver ese misterio: esa rapidez mental que lo abandonó en un instante clave en el que, por cuenta de la velocidad de su contertulio, perdió el partido. Un amigo alguna vez me contó una de esas que son imperdibles: el tipo, pintoso, pero tímido, salió con una mujer a comer; la cosa venía bien y de repente, mientras regresaban caminando del restaurante cubiertos por la noche que seguramente se iba a extender, la mujer, al parecer en actitud coqueta, dijo “Está haciendo frío”. Mi amigo, poseído por el ingenio de la escalera, le dijo torpemente: “¿Y por qué no trajo un saco?”. Obvio, después de esa frase, el frío se hizo realmente evidente y no pasó nada más. “¿Por qué no la abracé?” decía mi amigo, haciendo magnánimo eco en la brutalidad de su cortejo. En haber dicho lo que no se debía decir, en no reaccionar con prontitud.

En el fútbol ha pasado tantas veces: una de las más recordadas la protagonizó Julio Cardeñosa, hombre del Betis y que debió fallar el gol más fácil de su vida ante Brasil en el Mundial de 1978. Si por temas de juventud jamás la pudo ver, revise youtube que nos resuelve todas esas dudas. Cardeñosa nunca estuvo más solo que aquella tarde mundialista después de un grueso error del arquero Leao; entonces tomó la Tango entre sus pies y tuvo todo el panorama perfecto para elegir velocidad del remate y ubicación. Claro, todo el tiempo del mundo son tres o cuatro segundos que, aunque parezcan poco, también llegan a ser una eternidad frente al límite de 7,32 x 2,44 listo a ser vencido. Cardeñosa disparó y un zaguero brasileño, que aprovechó esos tres segundos para tratar de parapetarse bajo los tres palos, terminó rechazando el balón de la línea. ¿Cuántas noches habrá gastado Cardeñosa pensando en la decisión que debió tomar?

Los protagonistas de estos días seguramente andan en esas cavilaciones extrañas: Angelo Rodríguez que, solo frente al arco de Patriotas, la mandó hasta Villapinzón, y Johnatan Alvez, el delantero al que le sobró tiempo para empujarla en soledad al arco y ese exceso lo pagó caro. Vendrán mejores días para ellos.

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