De perros y uñas
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De perros y uñas

Las escenas del fútbol colombiano y las normas de la Dimayor. Opina Nicolás Samper.

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09 de agosto 2022 , 07:00 a. m.

Resulta en este caso en particular que el collar es más costoso que el perro. Lo puede decir Millonarios que, aunque celebró con dicha el claro triunfo frente a un destartalado Deportivo Cali, tendría que pagar una plata porque un labrador negro se coló en la disputa del encuentro.

¿Qué dice la ley? El parágrafo del artículo 78 del Código Disciplinario Único de la Federación Colombiana de Fútbol explica lo siguiente: “constituye infracción sancionable con multa de cinco (5) a veinte (20) salarios mínimos mensuales legales vigentes al momento de la infracción” y acá hay que viajar hacia el numeral D que reza: “al club que sin autorización del organizador del torneo o sin justa causa aceptada por el árbitro, modifique el horario oficial de realización del partido, retarde su comienzo o continuación o no se presente oportunamente a los actos protocolarios”.

El precedente ya se dio durante el juego Pasto-Unión Magdalena. Un firulais perdido terminó en medio del césped mientras se estaban llevando a cabo las acciones de este duelo y la Dimayor, apelando a la literalidad, por supuesto que preparó el “clink-caja” correspondiente y les clavó a los pastusos cinco millones de pesos como castigo. ¿Qué culpa tiene el Pasto de que el perro aparezca ahí? ¿Qué culpa tiene el perro de que, de repente, cumpla el sueño de cualquiera de nosotros y se plante en plena cancha buscando una pelota para jugar? Hasta ahora no he conocido el testimonio del primer canino que, ya en edad de retiro y gozando de una pensión que no lo haga pensar en la incertidumbre de su futuro antes sus polémicas declaraciones, haya confesado que sí, que en efecto se metió al gramado con el único fin de hacerles ganar a los locales algunos minutos para que el acoso del adversario se detuviera. De hecho, el Pasto perdió aquella vez en la que el dogo se hizo protagonista y que se coló por la puerta de la gradería norte y más allá del retraso de cinco minutos, el informe del árbitro del encuentro fue pieza clave para que se sancionara al club pastuso.

Solamente faltaría que en el Boletín de Sanciones la próxima vez escriban que se sanciona al club X por el ingreso de un “peludito” al terreno de juego. Ahí sí mejor refundemos absolutamente todo. Es una cosa de sentido común. ¿Que no debería ocurrir? De acuerdo. ¿Que la sanción es absurda? También.

Y ahora la otra imagen del fin de semana la dejó el pobre Aldair Quintana -al que siempre le pegan últimamente- porque las cámaras lo tomaron cortándose las uñas en el banco de suplentes durante el choque Alianza Petrolera-Nacional y claro, bastó ese instante para que le dijeran de todo al vituperado arquero. En este caso yo sí aplicaría una sanción por parte del Comité de Disciplina porque -y lo he visto y vivido en ámbitos laborales- no hay nada más repudiable que un tipo se esté cortando las uñas al lado de uno: saltan pedazos tiesos que caen como granadas al lado y pedazos de padrastros. Debería haber una ley que PROHIBA esta maldita costumbre de algunos. ¿Que fue justificado porque tenía una molestia y debía estar preparado por si necesitaba ingresar, más en su posición donde debe utilizar las manos? De acuerdo. ¿Que no hay nada más desagradable ver alguien que se corta las uñas frente a los demás y no entienda que ese es un acto que se debe llevar a cabo en la intimidad del hogar? También.

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