El otro Luis Suárez

Opinión de Nicolás Samper sobre el fallecido español que hizo historia.

Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

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12 de julio 2023 , 11:56 a. m.

Fue de otra generación. Jugaba en otra posición y era aguerrido aunque más fino, sin decir que el uruguayo no cuente con ese charm especial para lanzar rayos centelleantes. Claro, en estos años de difusión mediática conocimos las grandes proezas de Luis Suárez, delantero uruguayo, figura en Nacional, Groningen, Ajax, Liverpool, Barcelona, Atlético Madrid y Gremio. Hemos conocido sus hazañas (aquellos tantos con Barcelona que lo llevaron a lo más alto, o su actuación frente a los ingleses en 2014) como también sus extrañas locuras (la heroica mano frente a los ghaneses) y sus disgustos (su famoso mordisco a Chiellini y otra prueba maxilar ante Ivanovic, en tiempos que rompía redes para Liverpool, así como aquella vez que le negó el saludo a Patrice Evra en el previo de un United-Liverpool).

El mundo de hoy, con sacando una joroba y casi que en pose de homo sapiens revisando el móvil y sometiéndose a su propia técnica de Ludovico -ese método con el que en la película “La Naranja Mecánica” al protagonista Alexander DeLarge lo exponen a la fuerza a ver una cantidad de imágenes violentas y así poder rechazarlas después en su vida común-. Y digo que su propia técnica de Ludovico porque pasa todo lo contrario: a mayor cantidad de escenas proyectadas en el celular, mayor adicción. En ese mundo estamos cuando de golpe la noticia que llega es que Luis Suárez falleció a los 88 años.


Bueno, no fue el Luis Suárez que todos pensamos, podría ser una reflexión para quien desconoce la historia. Luis Suárez Miramontes es otra cosa. Fue nada menos que uno de los grandes estandartes del fútbol de ese país cuando insinuó poder ser ganador. De ahí su gran importancia, luego de que al acabarse su generación, su país entró en un abismo interminable de fracasos hasta que Luis Aragonés primero y después Vicente del Bosque, les hicieron recordar y mejorar aquella historia que se veía entre páginas amarillentas gastadas de tener que justificar hazañas nunca vistas por las nuevas generaciones. Luis Suárez Miramontes, un finísimo número 10 que se ubicó siempre hacia el costado izquierdo del ataque fue el Iniesta de los años 60. Consentido de Helenio Herrera en el Barcelona, se destacó muchísimo en el club y en la selección, sobre todo en la que obtuvo la Eurocopa 1964 ante la extinta Unión Soviética. Pero Suárez fue mucho más que eso: al lado de Mazzolla, Fachetti, Jair y luego su amigo Joaquín Peiró, ganaron dos Champions con el Inter de Milán.


No hubo nadie más grande que ese 10 que también era segunda punta en el fútbol español durante años. Luego salieron Xavi, Iniesta, Puyol y tomaron su lugar entre las jóvenes generaciones que ahora viven de un mito más reciente y palpable. Bien lo decía Sergi Pàmies en un maravilloso texto publicado en La Vanguardia a propósito del fallecimiento de Suárez, al definir esos tipos que fueron unos monstruos pero que por condiciones de tiempo jamás pudimos ver. Lo llama sabiamente el Olimpo de los jugadores explicados. Suárez hace parte de ese lugar que se va creando a partir de las leyendas y de la fe. Y justo ese 10 extraordinario vio cómo un colega de posición le daba la bofetada más dolorosa de su historia. Suárez, como director técnico de la selección española de fútbol, vio su última luz de popularidad cuando, en octavos de final, un muchachito llamado Dragan Stojkovic lo desairó con dos golazos (uno de tiro libre y otro con un enganche brillante en el área) y eliminó a la furia del Mundial de Italia en el Bentegodi.

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