El juego
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Opinión sobre el cruce de acusaciones entre James, Rueda y Everton. 

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Jenny Gámez

Jenny Gámez

Foto: Filiberto Pinzón

31 de mayo 2021 , 10:33 p. m.

Decía que no lee a nadie, que no le importa lo que dicen, que le funciona aislarse y descontaminarse y se la juega con la suya porque de otro modo se vuelve loco. Parece sabio. Lástima que no fuera cierto.


James Rodríguez rompió esa burbuja con sus manos y ahora que se supo todo y se supo mal, las esquirlas tomaron sus anárquicos caminos y entre los muchos heridos está él, su imagen cubierta de una incómoda estela de egoísmo, su liderazgo hecho escombros, su sonrisa rota.

Antes, cuando todo era privado, parecía que no le daban un trato acorde con su rol de capitán, con su historia, con todo lo que él representó y representa todavía, duela a quien le duela. Y no fuimos pocos los que reclamamos algo de consideración, de respeto, un trato especial que no era tanto pedir y que, de hecho, es común a todos los que, como él, convierten a un equipo corriente en uno prometedor. Había en su caso un raro olor a injusticia.

Pero las horas pasaron y resultó que sí se habla, que se explica, que Reinaldo Rueda se toma el tiempo de hacerle ver que sus decisiones son más informadas que caprichosas, que las batas de los médicos están por encima de la camiseta amarilla, que nadie lo está desconociendo. Entonces el maltrato ya no parecía tanto. Sonaba más a un necesario baño de realidad, a una puerta que se cierra, a un simple pero contundente NO. ¿Y era necesaria esta tormenta para no reconocer un fracaso? ¿Acaso no se trata de eso el juego, de ganar y de perder?

Ya en este punto la serie, que pintaba buena, se volvió tediosa: mientras en una acera se habla de "cicatrización", "lesión reincidente", "readaptación", y de "protegerlo y proyectar el futuro", en la otra se alega "profundo dolor", "enorme decepción", "dejarse la vida", un siempre indescifrable "rompe todo" y una incomprensible estrategia de dejarse ver aquí y allá que suena más a desafío: '¡mírenme qué bien estoy!'. Una cabeza chocando contra un corazón... una y otra vez.

Para acabar de decorar la escena viene un tercero en discordia que salpica de mentira la verdad de todos: la carta que mandé no dice lo que dicen, la que yo envié dice que puedes jugar, tus médicos no prueban nada, tú, muchacho, estás bien. ¿Por qué y para qué jugar esa carta ahora? ¿Qué intentan proteger? ¿Por qué un día un catarro es un secreto de estado y al otro el velo se levanta con la facilidad con la que Shannon se cambia el traje de baño en Instagram? ¿Qué partido juegan?
 
No es ninguna genialidad descubrir que el fútbol de Colombia sin su 10 es plano y espeso. Pero eso no lo hace imprescindible. ¿Qué sí? El equipo como fin y no como medio. De eso se trata todo. Habría que saber si es también el juego que juega James.

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