El Danubio desbordado

El Danubio desbordado

Homenaje al romántico club uruguayo de parte de Nicolás Samper. El equipo charrúa no la pasa bien.

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Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

24 de marzo 2021 , 10:14 a. m.

La pobre María no tuvo otro remedio que llorar en soledad la muerte de Jorge. Es que en la Primera Guerra Mundial no existía lugar para la condescendencia y ella, viuda porque su esposo lo declararon desaparecido en combate, asumió que el más allá ya lo había cobijado. Entonces se fue con tres hijos a cuestas a vivir donde su papá que, entendiendo que la situación en Europa era lo suficientemente escabrosa como para no quedarse, decidió armar maletas con su hija y sus nietos hacia Suramérica.

Antes de que la familia abandonara Bulgaria -lo cuenta en un texto muy conmovedor Soledad Castro Lazaroff- el muerto volvió: tampoco es que Jorge Lazaroff, el esposo de María Mincheff hubiera estado de parranda, ni mucho menos. Le costó comunicarse para avisar que sí, que estaba vivo, que se salvó de los disparos y mientras volvía a casa, ya por él habían guardado respetuoso luto. Ante su ausencia, el que empezó a tomar las decisiones de la casa fue su suegro, por eso, remilgoso, tuvo que encarar lo de irse a un continente extraño y abandonar Bulgaria y encontrar un destino mejor, que sería Buenos Aires.

A sabiendas de que su vida sería insoportable bajo el yugo de su suegro, le dijo a María, que era valiente, que esas callecitas de aquel lugar llamado Montevideo podrían servir para reconstruir lo que la guerra -y el suegro- habían destrozado. Así fue que se volaron esposos e hijos y dejaron al resto de la tropa en el Avon, el barco que terminaría su recorrido en la capital argentina, sin ellos a bordo.

Pero Jorge Lazaroff falleció en 1923 y María Mincheff tuvo que vivir con él dos muertes. María no tuvo otra que ponerse a trabajar y a coser y en soledad levantó a cuatro hijos con su taller. Toda esta historia la cuenta Soledad Castro Lazaroff -directora, montajista, fotógrafa, crítica de cine y feminista militante-, bisnieta de María Mincheff de Lazaroff, en un texto en el cual además recrea el nacimiento del nombre del club a través de un diálogo entre María y sus hijos, que volvían de jugar fútbol y que citamos tal cual ella lo escribió:

—Mamá, ¿qué nombre le podemos poner al cuadro? Ya hay otro cuadro de fútbol que se llama Tigre.

—Pónganle Maritza, que es el río que corre por Bulgaria.

—No, mamá, Maritza es nombre de mujer.

—Entonces pónganle Danubio, el otro río de nuestra patria.

En ese momento se funda uno de los clubes más tradicionales del fútbol uruguayo, que además desde 2017 lleva el nombre de María pegado a las graderías del estadio. En Danubio alguna vez estuvieron Daley Mena y Hamilton Ricard, quien cuenta también que sus consejos le sirvieron al entonces muy juvenil Edison Cavani a saber definir como un killer en el área. Danubio, en su imagen más romántica, nos lleva hasta 1988 cuando ganan el título en su país y acaban con la natural hegemonía de Nacional y Peñarol. Con un equipo extraordinario, sabiamente dirigido por Ildo Maneiro, y en el que se destacaban Adolfo Javier Zeoli -arquero uruguayo de buenos rendimientos en selecciones y clubes como Tenerife, Mandiyú y Talleres (no tanto en River Plate)-, Fernando Kanapkis -un zaguero muy de molde uruguayo al que no le daba miedo reventar a la pelota o al rival, si era necesario- Gustavo Dalto -talentoso delantero de paso corto por Santa Fe en 1990, sin gran suceso- Rubén Da Silva -el famoso ‘Polillita’, triunfador en Boca y River entre otros clubes-, Eber Moas -gran volante de marca que anduvo en América, recordado por desperdiciar una pena máxima en la tanda de definición contra Colombia en la Copa América de 1993-, Edison Suárez -10 frío pero con técnica y que en Millonarios solo dejó ver su sombra- estuvo cerca de hacer suya la Libertadores.

Atlético Nacional -con Usuriaga como verdugo principal- arrebataron ese sueño que, aunque tuvo dos interrupciones previas, al sufrir dos descensos, parecía cercano por esos tiempos.

Hoy las graderías del estadio Jardines del Hipódromo María Mincheff de Lazaroff no van a ver fútbol de primera por lo menos en una temporada regular: luego de 51 años, Danubio bajó a la B.

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