Con licencia para perder

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Columna de opinión de Jenny Gámez sobre el técnico de Colombia Sub 23, Arturo Reyes.

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Jenny Gámez

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Foto: Filiberto Pinzón

10 de febrero 2020 , 09:01 a.m.


Colombia se despidió con vergüenza del Preolímpico que organizó y fracasó en su intención de volver a unos Juegos Olímpicos, tras la experiencia de Río 2016.


Fracasó. Sin excusas, ni declaraciones de buenas intenciones, sin ambages. Pero da la casualidad que en el país del Sagrado Corazón no todo el que pierde realmente pierde y por eso resulta ser parte del paisaje que el responsable de las malas acciones, en vez de asumir su culpa, acabe premiado en algún cargo superior… sí, también pasa en el fútbol.

El último partido contra Uruguay, el que Colombia rozó el bochorno, salió tan mal como podía temer el más pesimista de los analistas y aun así, bien podría pasar sin que ponga la cara el doliente. Que lo hay y es uno: Arturo Reyes.

Y no es que carezca de valor su medalla de oro en los Juegos Centroamericanos o su clasificación a un Mundial Sub 20, en el que además se llega hasta los cuartos de final. Por eso lleva un año y medio contratado por la Federación Colombiana que paga y muy bien a quienes cumplen los objetivos. Es que el cargo de entrenador de una selección nacional se pone a prueba todos los días y así como castigó a otros en el pasado –me vienen a la memoria Reinaldo Rueda y José Pékerman- tendría que hacerlo hoy. Ese es el precio de tan alta dignidad.

Ahora, ya en blanco y negro, hay que decir que los resultados de Reyes han estado siempre muy por encima de sus méritos. Van ejemplos: clasificó al Mundial de Polonia con un equipo que hizo 3 goles, que tuvo jugadores muy por debajo de la calidad mínima para llegar a una Selección y que sufrió, en el Suramericano y en la Copa Mundo, terribles problemas de creación nunca corregidos. Una tercera fase de un Mundial lo maquilla todo y por eso nadie recuerda hoy que, tras probar una sucesión de delanteros –varios curiosamente costeños, como Reyes- el goleador era un defensor central (Carlos Cuesta).

El premio fue integrar –por decisión o por imposición, nunca se sabrá-, el cuerpo técnico del equipo de mayores, que dirige Carlos Queiroz. Ahora, tras los resultados del Preolímpico, llama la atención el aporte de un DT que lee como lee los partidos… Porque ese ha de ser el gran lunar, el defecto incorregible del actual responsable de dirigir a los juveniles en Colombia.

El barranquillero se graduó en este torneo continental de errático: sacó a Carrascal contra Argentina cuando era figura, se jugó un partido de Guardiola con el planteamiento contra Brasil y luego uno de Reyes cuando, presa del pánico, sacó a Benedetti e hizo añicos todo lo que había creado… ¡y repitió el mismo error con el mismo cambio cuando fue incapaz de descifrar a la Argentina más predecible -práctica y plena de talento, pero obvia en el manejo de su recurso- de los últimos torneos juveniles! Aquí sentada espero a que reconozca uno, al menos uno de todos sus desatinos.

No solo por el resultado sino por el modo, en cualquier país serio, hoy amanecería una carta de renuncia en el escritorio del presidente de la FCF. No en Colombia.

Aquí Héctor Cárdenas es DT de la Sub 17 cuando en el Suramericano no sumó ni siquiera un punto. Y Reyes prueba a 52 jugadores (¡52!) para armar una nómina preolímpica de 23 a la que nunca le tomó confianza, a la que sacrificó en pos de su propia cobardía, a la que condenó a la eliminación.

Y no vengan con que faltaron tres ‘europeos’, que con ellos tampoco encontró respuestas antes... ¿acaso Brasil, con el cupo olímpico bajo el brazo, se está lamentando por Vinicius o Rodrygo? Revisen mejor su arrogancia para descartar a creativos con el roce internacional del que él mismo adolece (caso Ian Poveda), pues su gran experiencia previa fue dirigir al modesto Barranquilla FC.

La buena noticia en su caso es que, salvo un ataque propio de dignidad, que no se ve muy probable, en este país vale más el padrino que el mérito. Y él está ‘sobrado’. No necesita temerle a la derrota porque es la excepción que confirma la regla: ¿aquel que juega a no perder pierde siempre? Sí, todos menos Reyes.


Jenny Gámez A.
Editora de FUTBOLRED
Twiiter e Instagram: @jennygameza

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