A pesar de…

Colombia es finalista de la Copa América Femenina 2022, pese a las fallas del fútbol local.

Nicolás Samper, columnista invitado.

Foto: Archivo Particular

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26 de julio 2022 , 11:15 a. m.

El zurdazo de Linda Caicedo se fue hacia la portería argentina sin ninguna posibilidad de ser repelido. Un golazo extraordinario que ha marcado el rumbo de este equipo fuerte y unido ante la adversidad que significa ser mujer y jugar fútbol en Colombia. Tal ha sido el talante y la fuerza de este grupo, tan grande ha sido el fuego sagrado que despertó en ellas y, en consecuencia, en todos los colombianos, que su DT Nelson Abadía ha quedado ubicado en un lugar gris, mediano, tibio, donde en sus decisiones se ven las imperfecciones de las costuras, antes que las grandes virtudes de un estratega. Y no es injusto con él, tampoco. Su lentitud en los cambios y su silencio lo convirtió en una fuerza minúscula, ante el ímpetu que imprimen sus dirigidas cada vez que saltan al campo.

Pasa igual con la dirigencia del fútbol en el país, absolutamente inferior al reto que implica dar el paso hacia la consolidación de una idea, de un proyecto, porque es imposible mentir al respecto: un país que se jacta hoy de tener a su equipo nacional en la final de la Copa América -a la espera de saber si Brasil o Paraguay será el adversario- se muerde la cola, como el perro desesperado, porque no hay torneo interno, porque no existe liga.

Eso sí, a la hora de los festejos y de la gloria, no hay inconvenientes en subirse al bus de la victoria porque ellos, como integrantes de un ente federativo, son también políticos: los que se cobijan con la sombra más fuerte cuando hay sol sin importar que los gestores de la hazaña se estén asando en la intemperie. Ver cómo la cuenta de Twitter de la Dimayor -reunión de clubes que al final decidió no hacer liga femenina- felicita a las jugadoras por cuenta del triunfo frente a las argentinas sirve para reír como método para aguantar el llanto.

Por eso es imposible imaginar que gracias al comienzo del camino desde el punto A se llegó a este punto B que es la final de la Copa, sencillamente porque -cosa que la hace aún más meritoria y a su vez más paradójica e injusta- nunca ha existido esa ruta de inicio, ese norte, esa bitácora conducente hacia un objetivo determinado. La hazaña -porque así debe ser catalogada- se debe a las jugadoras, a su gran valor y a su valentía. A ellas les corresponde tanta gloria. A nadie más le compete encaramarse a ese podio porque poco hicieron para conseguirlo.

Pasa mucho en este país con sus deportistas que no ganan por cuenta de Colombia, sino a pesar de ella.

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