Charly García y la puerta 12
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Charly García y la puerta 12

Nicolás Samper recuerda al famoso artista argentino y sus historias vinculadas al fútbol.

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Nicolás Samper

Columnista Futbolred

Foto: A. particular

26 de octubre 2021 , 05:15 p. m.

Un poco así se fue haciendo inmortal el hombre de bigote bicolor. Porque si alguien ha tenido que lidiar con sus propios demonios que lo han acercado a la muerte misma ha sido el gigantesco Charly García, que recientemente estuvo de cumpleaños. Un día, en medio de algún extraño viaje al infierno, se lanzó de un piso 10 de un hotel en Córdoba y tras volar al vacío –como alguna vez lo hiciera Héctor Lavoe- cayó en una piscina. Su cuerpo, que, en esos estados de delgadez de otrora, parecía de balso, no sufrió tanto por aquella caída. Ni hablar de los excesos que lo llevaron más de una vez a los zaguanes de las clínicas, esas que empezó a dejar gracias a Palito Ortega, uno de esos apoyos que precisaba en su momento más sombrío.

De niño y consciente de su gigantesco talento que lo condujo al conservatorio desde muy joven, Charly García empezó a crear su música, esa que ha trascendido a lo largo de los tiempos y que lo llevó a ser uno de los grandes andamios en el rock de estos lados.

¿Y el fútbol, Charly? Porque en medio de todo los grandes rockstars argentinos tuvieron muy cerca la identificación desde la cuna. Fito Páez, dueño de un amor tan grande como el gigante de Arroyito, ahí mismo donde juega su amado Rosario Central y cuyas canciones han sido adaptadas por cuantas hinchas llenen tribunas populares; Luis Alberto Spinetta, un declarado hincha de River Plate porque cuando niño vivió muy cerca al Monumental de Núñez, pero que en un arrebato mágico de su creación, escribió una trágica pero inolvidable canción: “La bengala perdida”, muy ligada a uno de los más horrorosos episodios ocurridos alguna vez en La Bombonera, la mítica cancha de Boca Juniors. Un empleado bancario llamado Roberto Basile decidió asistir a un partido de su equipo, Racing Club, que andaba muy mal en la tabla de posiciones, tanto que, al finalizar esa temporada, terminó yéndose a la B y con la desgracia de caer en el penúltimo juego de esa campaña olvidable con Independiente, que le dio un empujón determinante para su relegación. El caso es que Basile llamó a su novia antes de irse a la cancha. Quedaron de verse luego, pero Roberto no pudo verla luego y tampoco pudo ver cómo Racing perdía la categoría: una bengala lanzada desde la popular de Boca cayó en su cuello y lo mató instantáneamente.

Charly comenzó su vida defendiendo los colores de San Lorenzo de Almagro, pero el tiempo y su propia búsqueda lo condujeron hasta la entrada del estadio de River Plate y de ahí no se movió más. ¿Qué es un acto de traición cambiar de divisa, así como así? Los grandes, como él, tienen esas pequeñas licencias.

Con unos amigos decidió Charly ir a ver un River-Boca, el 23 de junio de 1968. El duelo, muy publicitado entre ambos, fue un verdadero bodrio. El 0-0 no dejó mucho más. No eran tiempos sencillos en Argentina: la dictadura de Onganía era represión y temor, incluso para los futbolistas que, si se veían envueltos en alguna furrusca en la cancha, podían ser encarcelados.

Dicen que todo cambió cuando miles de hinchas estaban saliendo del estadio a pocos segundos de decretarse el final, decepcionados por cuenta del pobre espectáculo, de las opciones de gol contadas y del marco que superó la realidad. La hinchada visitante salía por la puerta 12 pero se encontraron con que los torniquetes todavía estaban puestos en las salidas. Se empezó a producir una acumulación de hu8manos en ese sector. De pronto –cuenta la leyenda- un rugido desde las tribunas hizo pensar a muchos en que se iba a dar un gol y varios quisieron devolverse a sus asientos. El choque entre los que salían y entraban se dio y los torniquetes, sumados a un accionar policial vergonzoso dejaron un cuadro desolador: 71 muertos, la mayor tragedia ocurrida en un estadio argentino.

Charly con sus amigos se habían colado en el segundo tiempo para poder ver el juego, pero al ver que llegaron a la tribuna de hinchas de Boca tuvieron que escapar para ubicarse en otro lugar. Ese cambio de lugar terminó salvándolo de quedar en el embudo mortal de la puerta 12.

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