De cábalas
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De cábalas

El fútbol está plagado de estas costumbres. ¿Néstor Lorenzo tendrá la primera suya en la Selección?

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29 de junio 2022 , 07:25 a. m.

¿Quién no las tuvo? ¿Quién no las conserva? Muchos de los que juzgan esos comportamientos extraños y que, en ocasiones, se burlan de los que en medio del fútbol se someten al rito, también piensan que pasar debajo de una escalera, romper un espejo o regar sal sobre la mesa trae siete años de mala suerte. Pero no vayamos tan lejos ni agarremos tradiciones tan antiguas: las nuevas tecnologías han hecho de las suyas.

Primero fueron las interminables cadenas de correos en las que si el destinatario no reenviaba ese e-mail a todos sus contactos, contaría con un destino miserable, tanto que incluso podía fallecer en los meses siguientes como castigo a semejante cyberdesacato (como si darle un send al correo nos garantizara la inmortalidad. ¡Todos vamos a morir!, carajo). Después el Whatsapp, que también se hizo dueño del destino de algunos que aunque gambeteaban los gemidos orgásmicos de una mujer incrustados en el audio de un inocente video que paralizaron varias reuniones silentes, caían rendidos ante la tentación de distribuir una cadena que anunciaba que, al enviarse nuevamente, iba a traer prosperidad y dinero a sus alforjas. Cuando uno inquirió al remitente, la respuesta era simple: “No pierdo nada. ¿Qué tal que sí me llegue plata?”.

Bueno, esas son las cábalas o algo así. El fútbol está plagado de pequeñas costumbres que se cambian o se transfieren y que tratan de no revelarse públicamente, hasta que alguien con aguzado sentido de la observación se percata de que hay un elemento que curiosamente siempre está presente. O un suceso que parece circunstancial y que en realidad ha sido planificado con la anticipación suficiente como para que no falle nada.

Mario Lobo Zagallo, por ejemplo, para que no se crea que únicamente es propiedad esta maña de italianos y argentinos, siempre que iba al concesionario para cambiar de automóvil, poco le importaba si el carro era capaz de alcanzar los 100 kilómetros por hora en menos de cinco segundos o si prefería línea sedan, coupé o hatchback. La clave era que debía terminar la placa del vehículo en el número 13. Decía que le daba suerte y cada vez que llevó a cabo el rito ganó Copas del Mundo.

Carlos Bilardo es un cúmulo de agüeros, igual que Alfio Basile, que llevaba a cabo revisión del banquillo para sentarse en el mismo orden con el que consiguieron una victoria. O el talco que su ayudante, ‘Panadero’ Díaz, le echaba en una camisa eterna marrón que, por supuesto, nunca se cambió.

Reinaldo Merlo entendía que las flores cerca traían mala suerte y las tribunas rivales lo recibían con un ramo de rosas y carcajadas varias; y Roberto Mancini, entrenador de la selección de Italia decidió que, antes de la Eurocopa, se vistieran igual que el cuerpo técnico que, encabezado por el mítico Enzo Bearzot, ganó la Copa del Mundo de 1982 para traer las buenas energías. Eso, sumado al involuntario olvido de Gianluca Vialli al que lo dejó el bus antes del debut ante Turquía en la Euro 2020 generaron todo: el terno gris claro y el rito de dejar olvidado a Vialli para devolverse a recogerlo fueron ingredientes anímicos que les sirvieron.

Las cábalas se acaban, o si no, hay que preguntarles a los italianos por Macedonia del Norte y la “finalissima” ante los argentinos.

Colombia, con Néstor Lorenzo al mando, comenzará su camino enfrentando a México el próximo 27 de septiembre en un amistoso, mismo adversario con el que José Pékerman puso la primera piedra de sus posteriores momentos victoriosos.

¿Será cábala para iniciar con el pie derecho? Hasta dentro de cuatro años lo sabremos.

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