Amatista

Opinión de Julián Capera sobre salida de Julio Comesaña de Atlético Junior.

Julián Capera

Julián Capera

Foto: Archivo particular

En esta noticia

  • Enviar
  • Guardar
  • Comentar
19 de noviembre 2022 , 11:11 p. m.

Un amor de 47 años, unas bodas de amatista. Quizá no fue a primera vista, este idilio necesitó un segundo tiempo antes de hacerse eterno. Julio Avelino, aquel volante montevideano, ya había venido a Colombia; había sido campeón con Millonarios y había jugado para Junior. Sin embargo, este romance solo cuajó en su regreso tras un año deambulando por el sur. En 1975 Comesaña volvió para quedarse. Volvió para enamorarse.



Cuando cruzó su camino y su destino con el de Junior, el equipo currambero no tenía coronas ni anillos de compromiso. Nunca había ganado nada. Su primera estrella, la del 77’ llegó entonces con Julio en cancha. Primer baño de gloria que fue también un voto de amor entre una institución y un hombre que es quizá el más importante de su historia.

16 años después, ya del otro lado de la línea, regresó para bordar sobre el escudo rojiblanco la tercera estrella. Se fue y volvió una decena de veces; ganó la Copa en 2017, doblete en liga en 2018-2019 y la Superliga en 2020. El único en la historia de Junior que ha logrado ser campeón como jugador y director técnico. El único también que ha conquistado los tres trofeos que puede ganar un entrenador de primera división en el fútbol profesional colombiano.

Sin embargo, la foto más reciente de esta historia se manchó con amargura y destiñó rápido. Comesaña llegó a mitad de campeonato para reemplazar al argentino Juan Cruz Real. Con mucha dificultad y dependiendo de otros resultados, clasificó a los cuadrangulares finales de Liga y hoy, tras tres fechas disputadas, necesita casi un milagro para avanzar. Perdió además la final de la Copa ante Millonarios, ofreciendo una muy tacaña imagen futbolística y desenfundando una excusa tras otra en sus conferencias de prensa. Y quizá fue justamente eso último lo que lo condenó.

Julio volvió a perder su partido en el micrófono. Tal y como le había sucedido cuando hace muy poco dirigiendo al Deportivo Independiente Medellín, despreció insólitamente la Copa Sudamericana (supuestamente para conquistar el título de Liga que no llegó) y lanzó más de un dardo los hinchas del club.

Ahora, con el equipo de su alma, con su amor eterno, hizo cosas más o menos parecidas: abrió paraguas que no correspondían con la historia del club y el peso de su nómina (a pesar de las múltiples lesiones que debió enfrentar), despreció la final de un torneo oficial y dijo incluso que lo mejor habría sido no clasificar a cuadrangulares. Palabras que bien podrían hallar sentido en otro contexto, con otro escudo y otra camiseta. Sin embargo, cuando se está al frente de un proyecto tan importante como Junior de Barranquilla, no se puede declarar de esa forma. No se puede siempre ver la paja en el ojo ajeno: los árbitros, los rivales, la ‘falta de rebeldía’ de sus jugadores, el desempeño del técnico anterior.

Y del otro lado se portaron igual de mal: en la noche del miércoles el dueño del equipo lo estaba ratificando y hablándole de proyecto deportivo 2023; en la mañana del jueves, el

presidente lo llamaba para decirle que muchas gracias y hasta luego. No es serio. Como no lo fue la manera en la que lo trajeron, a mitad de torneo, creyendo que es una especie de santo capaz de hacer milagros con su mera presencia.

Amatista es una piedra preciosa con un color que bien podría venir de la mezcla de rojo y azul, los tonos de la camiseta del Junior y del corazón de Comesaña. La piedra con la que se representan los 47 años de una boda. Justo el tiempo que lleva ese amor. Y quizá el mejor final para él, es dejarlo ahí donde está. Con esos colores y con los grandes recuerdos que todavía es capaz de reflejar.

Síguenos en nuestras redes
Comentar
Guardar

Recomendados

  • Premier League
  • Champions League
  • Liga de España
boton left
boton right