Hora de las monas
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Hora de las monas

Se acerca la hora de llenar el álbum del Mundial de Catar 2022. Una emoción única, cada cuatro años.

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17 de agosto 2022 , 08:30 p. m.

Dejar un álbum de fútbol incompleto es el peor dilema al que se puede someter un aficionado. Me pasó porque además cada edición trae sus propias cuitas: el de Rusia 2018 elevaba la dificultad hasta puntos máximos a la hora de buscar un escudo en los sobrecitos. Ver una de las gemas plateadas que encabezan la página resultó estar emparentados con los milagros. Mi memoria dice que no pude tener el de Arabia Saudita, el de Egipto y un par más. El caso es que cuando abordé el vuelo Bogotá-Frankfurt-Moscú hace cuatro años en mi mente estaban 12 láminas que no había encontrado antes de abandonar el país.

12 láminas que siguen sin pegarse y que seguramente se convertirán en ese pequeño monumento personal al abandono de las pequeñas cosas que antes eran relevantes. Porque hay hijos, deudas, cuotas por pagar, trabajo 24/7 -por fortuna- y ese escape del inodoro que si no se arregla pronto va a ser más costoso que comprar una caja de 100 sobres con láminas y que era en algún instante ese pequeño triunfo de la niñez al poder pegar más “monas” que los demás compañeros de curso.

Cada álbum de fútbol cuenta una historia de todos nosotros: el primero que apareció por mi casa, con la contraportada de gelatina Gel-hada (¿o fue el del 86? Mis recuerdos ya empiezan a ser un chiste) fue el de España 82, con naranjito en la tapa y con aquellas pegatinas dobles que agrandaban el plantel de un equipo chico como Camerún o Nueva Zelanda. El del 86, verde con blanco y rojo y la inclusión -que eso era toda una discusión a la hora del recreo- de aquellos futbolistas que al final no eran citados: por ejemplo, Juan Barbas, Ubaldo Matildo Fillol y Miguel Ángel Russo en Argentina, que, aunque aparecían en sus casillas correspondientes y supieron ser parte del proceso de eliminatorias hacia la Copa que iba a realizar Colombia, finalmente no fueron citados.

El del 90, con las peripecias de llenar el oficial y cometer un pequeño acto de infidelidad al también ir llenando paralelamente el no oficial, cuyas fotos variaban mucho en colores y uniformidad: podía haber un futbolista formado en plano medio -diga usted un Ally McCoist de Escocia- y muy cerca de él, de cuerpo entero y en plena acción de juego Steve Nicol. En el oficial, el primer equipo que completé fue Alemania, meses después campeones del mundo. Toda una profecía.

En el 94 y la esperanza de que salieran los de Colombia, la gran favorita -eran más bien sencillas- y los dos escudos que salieron para la selección de los Estados Unidos; y en el 98 el gran misterio de los futbolistas de Irán, desaparecidos de los sobres, como si no fueran dignos de aparecer allí, así como tres futbolistas ingleses. Copias offset de malísima calidad ayudaron con el sourmenage pero los ingleses jamás aparecieron. O yo nunca los tuve a pesar de recorrer Bogotá entera por culpa de ellos. Y en el 2002 la rareza de ver a los españoles despojados de su camiseta de selecciones, sino que aparecían con las de los clubes en los que militaban en aquel instante (un símbolo gigante es aquella mona de Mendieta enfundado en la de Lazio).

2006 y la tarea completa y 2010 con un par de ausencias. En las láminas, por supuesto. 2014 quedó lleno y James Rodríguez salía tantísimas veces en el paquete de sobres, como en aquel 2014 donde su presencia era omnipotente.

Para 2022 aparecerá un nuevo recuerdo. Allí estaré, como cada cuatro años, esperando con la ansiedad -mucho más moderada por cuenta de cierta adultez- de romper el primer paquete y pegar la primera lámina.

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