1982

Opinión de Julián Capera sobre González y Restrepo, técnicos finalistas de Liga Betplay II 2022.

Julián Capera

Julián Capera

Foto: Archivo particular

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02 de diciembre 2022 , 06:45 p. m.

1982. Año de Mundial. Es la Colombia de los secuestros y los carro-bomba. La que ese año renunciará a organizar una Copa del Mundo y verá a uno de los suyos recibir el premio Nobel de Literatura. Ocho kilómetros y medio hay entre el barrio Loyola y el Barrio Cristobal (La América) en Medellín. Ese año, a esa distancia y con 171 días de diferencia nacerán David y Alejandro. Rojo y verde. Unidos sus caminos por el amor a la pelota y el sueño de protagonizar la escena en la que hoy justamente están.



David. Rojo y amante de la música, como su abuelo. Colegio Calasanz. Con los colores del Deportivo Independiente Medellín grabados en el alma desde siempre. Tanto como para dedicarle algunas notas en uno de los álbumes de Rexixtenxia Norte (la barra más representativa del equipo), en el que se le ve tocando una guitarra eléctrica y sacudiendo su larga cabellera. Alejandro. Verde y amante de los libros. Colegio La Buena Esperanza de Bello. Hincha de Atlético Nacional desde aquella época escolar en la que coleccionaba álbumes y afiches de los equipazos que armaba el verde paisa para competir en Copa Libertadores.

2002. Año de Mundial. David debuta con el equipo de sus amores. Después de un paso fugaz por las divisiones menores de Nacional, Once Caldas y Deportivo Cali; ataja su primer partido como profesional bajo las órdenes de Reinaldo Rueda, justamente en un clásico antioqueño. En la tribuna rival está Alejandro, quien acaba de dejar la carrera de Ingeniería Informática para perseguir su verdadero sueño. El primer paso es inscribirse en la Licenciatura de Educación Física en la Universidad de Antioquia.

38 días de diferencia entre el nombramiento de uno y otro. David González en su primera aventura como entrenador, al frente del Medellín. Alejandro Restrepo, con el Pereira, en la primera fuera de casa, después de no haber encontrado correspondencia a sus sentimientos por Nacional. Favoritos de nadie, pero con más méritos que la mayoría. Coherencia entre su discurso, su idea y su planteamiento en cancha. Mucha más de la mostrada por algunos viejos zorros que, al dirigir y al declarar este semestre, parecieron olvidar la grandeza de las instituciones a su cargo. Equipos con plantillas más robustas jugando a nada y directores técnicos culpando al clima, la cancha, el árbitro, y hasta los resultados en otros estadios, antes de asumir responsabilidades. Aquí, en los finalistas, hubo menos nómina, pero también menos excusas.

2022. Año de mundial. David González y Alejandro Restrepo han cumplido cuarenta. Duermen poco y sueñan mucho por estos días. 180 minutos los separan de bordar su primera estrella como entrenadores en propiedad de un equipo profesional. Cualquiera de los dos que logre dar la vuelta olímpica le habrá entregado una buena lección a nuestro fútbol, una victoria a una generación que hace rato viene haciendo la fila y un triunfo al barrio que en 1982 los vio nacer y empezar a soñar.

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