Quinquenio verde: conmemoración de la Libertadores de Nacional

Quinquenio verde: conmemoración de la Libertadores de Nacional

El conjunto antioqueño levantó su segunda gloria continental, el 27 de julio de 2016.

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Nacional, campeón de Copa Libertadores 2016

Nacional, campeón de Copa Libertadores 2016.

Foto: Archivo

27 de julio 2021 , 06:10 a. m.

Del sueño a la realidad continental, un objetivo que parecía muy lejano de aquel 31 de mayo de 1989, un día como hoy, 27 de julio, pero de 2016, esa fantasía de regresar a la cúspide se le dio para Atlético Nacional, un equipo que brilló con su juego, su entrega, su fuerza y llegó a un punto muy alto en el ciclo más ganador del club septuagenario.

Reinaldo Rueda y sus dirigidos, consolidaron un proceso que había comenzado desde 2011, afianzando una base, las participaciones en copas internacionales, alcanzando instancias decisivas y hasta cayendo en la final de la Copa Suramericana 2014, fueron parte de ese camino que tuvieron que transitar para ser uno de los mejores campeones en los 60 años de la Copa Libertadores.

Siendo campeón de la Liga II-2015, los verdolagas comenzaron a materializar el sueño continental en el grupo D con Huracán de Argentina, quien venía de ser subcampeón de la Copa Suramericana 2015, Sporting Cristal de Perú y el multicampeón de América, Peñarol de Uruguay. Hasta ese primer partido en Buenos Aires contra el ‘globo’, las dudas estaban posadas en el equipo, quien había perdido a Jefferson Duque, transferido al Atlas de México, pero todo se fue disipando con el pasar de los minutos y la aparición de hombres como Marlos Moreno y Orlando Berrío, sumado a un gran trabajo en equipo. Cinco victorias y un empate, pasar su grupo como primero y no recibir goles, fueron elementos que avistaban a los colombianos como serios candidatos a lograr la ‘gloria eterna’.

Llegaron los octavos de final y nuevamente era Huracán el rival, un equipo que avanzó como el peor de los segundos, pero que había podido ser el único en quitarle puntos en la fase de grupos, jugando en el Atanasio con un empate sin goles muy disputado, este mismo marcador se repitió en el Palacio Tomás A. Ducó y a la vuelta con un juego a toma y dame, reflejó un 4-2 definitivo, donde el venezolano Alejandro Guerra fue la figura con un doblete, fungiendo como un ‘falso nueve’, combinando el fútbol moderno, con el ‘toque toque’ que le gusta a los aficionados verdolagas.

Los cuartos de final fueron una final adelantada, Nacional había seguido con la credencial de favorito y al frente estaba Rosario Central, el equipo comandado por Eduardo Coudet era la revelación del fútbol argentino y un gran animador del certamen. Los ‘canallas’ plantearon una de las llaves más emotivas de la Copa. En la ida disputada en el estadio ‘Gigante de Arroyito’, los colombianos cayeron por primera y única vez en el torneo, el 1-0 para los argentinos se tomó como ganancia para Nacional, teniendo en cuenta que el local había ganado sus partidos hasta ese momento con buena diferencia de goles. Esta derrota sigue en la retina de los antioqueños, porque allí se dio la famosa ‘triple atajada’ de Franco Armani, siendo un presagio para lo que vendría después.

El partido de vuelta en el Atanasio es digno de relatarlo en un libro, por todos los condimentos que tuvo. El drama de irse 0-1 abajo, la calma del empate de Macnelly Torres. El segundo tiempo con el gol de Alejandro Guerra que era el preámbulo para que en el minuto 94 y tras varios intentos sin fortuna, Orlando Berrío apareciera en el arco sur del Atanasio para convertir el tercer gol y desatar la guerra en el campo contra los ‘canallas’ y la locura para miles de hinchas quienes ya tenían la certeza que una nueva vuelta olímpica se iba a dar.

Con la motivación de dejar afuera a un gran rival y la ansiedad de esperar un par de meses debido a la Copa América de Estados Unidos. Sao Paulo de Brasil era el oponente en semifinales, el conjunto ‘tricolor’ era un equipo de temer y venían en ascenso en su nivel de juego. Sumado a que esta era la tercera vez que se veían las caras en estas instancias; la Supercopa 1993 y en la Copa Suramericana 2013, donde curiosamente, los brasileños alcanzaron esos títulos tras eliminar a los

colombianos. Fue el 6 de julio de 2016, en el que el estadio Morumbí lleno a reventar en el que Nacional realizó una exhibición de fútbol, en la cual, el recién llegado al grupo, un tal Miguel Ángel Borja, mostró porqué había sido el goleador del fútbol colombiano con el Cortuluá y con un doblete, fue su carta de presentación para los hinchas verdolagas. ‘El Morumbí te mata’ decían los brasileños, pero ese 0-2 fue un golpe mortal para ellos en la serie.

El juego de vuelta en el Atanasio tuvo emoción en su primera media hora, Jonathan Calleri descontó a los nueve minutos del primer tiempo. Pero Borja repitió la ‘dosis’ con otro doblete, para el 4-1 global. Casualidades de la vida, el cordobés se unió a Albeiro Usuriaga, como los jugadores de Nacional en anotar cuatro goles en una serie semifinal de Libertadores. Lo del ‘palomo’, que en paz descanse, ocurrió en 1989 en aquel duelo frente a Danubio de Uruguay.

Nacional esperaba finalista, Boca Juniors de Argentina o Independiente del Valle de Ecuador, batallaban por quién sería su rival, lo cierto es que ya sabían que el 27 de julio definirían el título en su casa, como lo hizo en 1995 frente a Gremio de Brasil, pero que no pudo hacer en 1989 por la capacidad del Atanasio en ese entonces.

Los ‘matagigantes’ de Sangolquí serían el último obstáculo para conseguir su bicampeonato de América. El sorprendente Independiente del Valle clasificó a esta instancia tras eliminar clubes como Colo Colo de Chile, River Plate de Argentina, Pumas de México y a Boca Juniors en la mítica Bombonera. Los ‘negriazules’ eran una mezcla de jóvenes talentos ecuatorianos con un puñado de veteranos. Como todo en esta Copa, las cosas no serían fáciles para Reinaldo Rueda y sus dirigidos. El DT colombiano advirtió a sus jugadores y a los medios antes de jugarse estos encuentros, que ellos tenían una ‘gran estructura’ y venían dando pasos gigantes en los últimos años. Algo que en 2019 refrendaron ganando la Copa Suramericana.

Nos metemos en la final, la ida fue el 20 de julio de 2016, al ser fecha patria en Colombia, muchos viajaron para acompañar a los verdes en el estadio Atahualpa de Quito. Fueron poco más de 5.000 hinchas colombianos, quienes presenciaron un duelo muy duro por la altura, por el rival que había ganado todos sus partidos en esa condición y lo ríspido que jugaba el local, un equipo que no solo representaba a una ciudad, sino a todo un país. Fue Orlando Berrío al minuto 35 del primer tiempo quien abrió el marcador para los visitantes y cuando Nacional se estaba llevando un gran botín para Medellín, el defensa Arturo Mina a tres minutos del final, dejaba el marcador igualado para definirlo todo en el Atanasio.

Siete días más tarde, el estadio Atanasio Girardot era el epicentro del fútbol continental, sus tribunas latían, rugían y vibraban con cerca de 50.000 personas. A sus alrededores otros miles lo seguían en pantallas gigantes. La tensión en el ambiente se calmó, cuando al minuto 8, Miguel Borja marcó su quinto gol en la Copa y el que le daba la segunda Copa Libertadores para Atlético Nacional. Pese a resolverlo en tan poco tiempo de juego, los ecuatorianos siguieron insistiendo, pero no lograron la paridad. Tras 93 minutos de juego, el árbitro argentino Néstor Pitana pitó el final del compromiso, decretando el júbilo verde en Colombia y en todos los rincones donde un hincha de Atlético Nacional estuviera. Fue el premio a un gran trabajo, demostrando que en Colombia los equipos pueden conquistar títulos internacionales con seriedad, brindando espectáculo, manteniendo una base sólida y el carácter necesario para plantarse en cualquier rival en el continente.

Juan Camilo Álvarez Serrano
Corresponsal FUTBOLRED
Medellín
En twitter: @juanchoserran8

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