La gran celebración de España, campeón mundial, se vivió en la cancha
Archivo

La gran celebración de España, campeón mundial, se vivió en la cancha

Detrás del arco, donde buscaba sin buscar la pelota el portero español Íker Casillas empezó a dar brincos de felicidad, poseído

  • Enviar
  • Guardar
  • Comentar
11 de julio 2010 , 02:04 p. m.

Detrás del arco, donde buscaba sin buscar la pelota el portero español Íker Casillas empezó a dar brincos de felicidad, poseído por el espíritu del campeón mundial que ya era. Brincaba como un niño chiquito que no puede creer lo que esta pasando, que no sabe como hacer de su infinita alegría una danza de victoria.

Más allá, veinte metros al otro lado de las 18, cayeron como privados de la dicha Ramos y Piqué aterrizaron en el pasto frío y quemado del Soccer City, en esa hierba que desde ayer será sagrada para el fútbol de España, que ya era la campeona del mundo por su luchado triunfo 1-0 sobre una Holanda que, al otro lado de la cancha escupía en la cara del árbitro su frustración, su nueva frustración, su tercera frustración mundialista.

Los ojos de los 84.490 asistente reportados de manera oficial (el estadio no se llenó ni para la final) no sabían a cuál punto del campo apuntar: al banco español donde todos era un solo abrazo, en la media cancha donde Xavi corría en busca de sus compañeros, a la piña saltarina de jugadores que Casillas hacía rebotar con sus brincos o al otro lado de la cancha donde los holandeses vivían su drama desparramados en suelo o sentados observando una película sin final feliz, buscando las explicaciones a la derrota.

De los altoparlantes del estadio salió la nueva música del triunfo: ¡Por fin no sonó, como siempre ocurre, la voz de clarín de Freddy Mercury y el 'We are de champions' de Queen! .

En Sudáfrica, España y su primer título tuvo como banda sonora el reggae suave y seductor de Bob Marley 'Could you be love' (Puedes ser amado), quizás para hacerle un homenaje a ese juego suave y seductor con el que España jugó esta Copa del Mundo, su Copa del Mundo.

Y aunque en las dos pantallas gigantes del estadio se veían las caras emocionadas, algunas hasta el llanto, de los jugadores españoles, la celebración en las tribunas de los fanáticos era controlada, tanto como la de los propios nuevos campeones del mundo que incluso fueron a buscar a algunos holandeses para darles fuertes abrazos: eso se llama juego limpio, gallardía, fútbol. Hasta Ramos intentó detener al rival Heitinga, el que fue expulsado al minuto 109 del tiempo extra, que no podía ser atajado por algunos de los asistentes de su equipo en busca de decirle 'varias de sus verdades' a los jueces. Mientras los voluntarios armaban el tarimado para la coronación (de espaldas a la tribuna de prensa) al entrenador Vicente del Bosque volaba por los aires a los impulsos de sus muchachos.

Sonaban algunos redoblantes tocados por los nichos de hinchas españoles que también soplaban vuvuzelas, sus cornos del triunfo, sus trompetas angelicales de victoria. Los holandeses de caras largas y ceños fruncidos (no podían estar de otra manera) recibieron sus medallas de plata y se quedaron a ver como los españoles se quitaban las camisetas azules con las que jugaron y se ponían la 'Roja' tradicional pero con una estrella dorada encima del escudo. Con su uniforme de siempre pasaron uno a uno para que les pusieran sus medallas y esperaron en la frontera del escenario, en una especie de círculo, a que el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y el mandamás de la Fifa, Joseph Blatter, le dieran la Copa del Mundo a Casillas: España ya estaba coronada. Volaron papelitos amarillos, ates de que los nuevos campeones bajaran por unas escaleras hasta el campo en medio de un callejón de honor de los derrotados holandeses que les dieron la mano.

Y posaron para las fotos cuando el cielo de Johannesburgo se prendió de fuegos artificiales para festejar a la nueva familia real del fútbol, que ofreció la Copa a sus hinchas en el Soccer City en el que no dejaba de sonar ese 'Puedes ser amado' del viejo Bob Marley, que desde el más allá con su alma futbolera, de seguro también ama el juego lento, rítmico y sensacional de España, tan igual a su música de raíces africanas. .

GABRIEL MELUK ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO JOHANNESBURGO .

Más información del Mundial de Sudáfrica 2010: www.futbolred.com/mundial .

COMENTAR
GUARDAR