Por ahora hay poca expectativas en Hamburgo, sede de la final de la Liga de Europa
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Por ahora hay poca expectativas en Hamburgo, sede de la final de la Liga de Europa

Todavía no hay nada, o casi nada, en las calles de dicha ciudad alemana que haga pensar que mañana se juega en la ciudad una final europea.

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11 de mayo 2010 , 05:17 a. m.

 La organización, las autoridades municipales y los hoteles trabajan para recibir a los huéspedes que seguramente mañana inundaran las calles pero de momento hay pocas cosas que puedan verse como el anuncio de una tempestad por venir.

El clima, es verdad, tampoco ayuda. El cielo nublado y temperaturas inferiores a los quince grados centígrados invitan poco a hacer una fiesta en las calles.

Un recorrido por el centro de la ciudad, de la estación hasta el ayuntamiento, no permite sospechar que mañana la ciudad será el centro del fútbol europeo. El paisaje urbano es el mismo de siempre.

En la Spitalstrasse hay músicos callejeros esperando que los transeuntes los recompensen. La gente habla de cualquier cosa menos de fútbol.

Sin embargo, de pronto aparece un equipo de la televisión local de Hamburgo que interroga a la gente que pasa sobre lo que, no dicen más, "lo que va a pasar mañana".

"¿Dónde?", pregunta uno de los interrogados.

"Aquí, en Hamburgo", responde el entrevistador que ve con una sonrisa como su interlocutor calla y luego, para orientarlo, le habla de una final a lo que el otro responde que él creía que la final se jugará en Madrid y en diez días.

Al fin, el interlocutor se acuerda que también había otra final, de la que se habló mucho en la ciudad hasta hace unos días cuando la eliminación del HSV Hamburgo convirtió lo que debía ser una fiesta en un trauma para muchos.

"Todos reaccionan igual", explica a EFE el reportero de televisión. "Para que se acuerden que mañana hay una final hay que darle muchas pistas y muchos parecen creer que la final ya no se juega porque no estará en ella el Hamburgo", dice.

Un taxista, que espera tener mañana bastante trabajo con la gente que llegará de Inglaterra y de España, dice que el fútbol es algo importante para la ciudad sólo cuando está involucrado uno de los dos equipos de Hamburgo.

En el camino hacia el estadio tampoco es posible encontrar mucho que anuncie la final. Hay que esperar a llegar a la estación de metro de Stelingen para encontrarse con un signo claro en forma de anuncios que invitan a la gente a gozar el partido y le dan la bienvenida en nombra de la UEFA.

Después viene un camino de poco más de un kilómetro por entre el Volkspark, que hay que imaginarse más como un pequeño bosque que como un parque, hasta llegar al estadio. En el camino, se oye el canto de pájaros que, sin duda, mañana quedarán borrados por el ruído de las tribunas.

Al borde del estadio, se ven cosas que sí indican que mañana habrá algo importante. Equipos de televisión y, como siempre en estos acontemientos, algunos periodistas asiáticos.

La ciudad está esperando la doble marea que llegará mañana para convertir las calles en el escenario de una fiesta de la que se quedó por fuera el Hamburgo, cuyos jugadores se esfuerzan por ignorar la final que se jugará en su propio estadio y que será asunto de otros.

"Que nadie se imagine que voy a ver el partido. No iré al estadio ni tampoco pienso encender el televisor", dijo el capitán del Hamburgo, David Jarolim, al ser interrogado sobre el tema.

Mientras tanto, por encima del estadio, de cuando en cuando, se ve pasar un avión a baja altura, lo que resulta una señal inequivoca de que, pese a la nube de ceniza, el aeropuerto sigue abierto lo que alimenta la esperanza de que mañana los aficionados del Atlético de Madrid y del Fulham llegará para llenar de color y de jolgorio las calles de Hamburgo que de momento espera la final con reserva hanseática.

EFE

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