El balón de la Liga de Campeones empieza a rodar en Pakistán
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El balón de la Liga de Campeones empieza a rodar en Pakistán

El balón de la actual edición y gran parte de los 40 millones de esféricos que las grandes marcas venden, empiezan a rodar en la ciudad de Sialkot, donde miles de trabajadores hacen su confección.

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02 de febrero 2010 , 05:30 a. m.

Ubicada en el noreste de Pakistán y con cerca de medio millón de habitantes, Sialkot es uno de los centros económicos más importantes del país y famoso por una industria volcada en la exportación de instrumentos quirúrgicos y equipamiento deportivo, como guantes y mochilas, pero el balón es su seña de identidad.

"En Sialkot hay una larga tradición de producción de balones de fútbol. Hay compañías establecidas desde hace cuatro generaciones.

Ahora tenemos muchos trabajadores con la capacidad y experiencia para manufacturar las pelotas", explica a Efe Belal Jahangir, director ejecutivo de una empresa fabricante, Silver Star.

Aunque los primeros artículos deportivos ya empezaron a confeccionarse a finales del siglo XIX y la industria fue adquiriendo peso en las décadas posteriores, la verdadera eclosión de Sialkot tuvo lugar a finales de la década de 1980, momento en el que surgieron muchas de las cerca de 2.000 fábricas actuales.

Estas factorías, con clientes que no necesitan presentación como Adidas, Nike, Lotto o Reebok, son hoy parte de la geografía de una urbe que da empleo a 600.000 personas y cuya industria factura unos 1.300 millones de dólares anuales en exportaciones, algo que empujó a los empresarios a construir un aeropuerto internacional propio.

"Esto es una cultura. Si le preguntas a tu hijo qué quiere ser de mayor, seguramente no te dirá que doctor, sino exportador", asegura un empresario de la zona, Khurrum Javaid, propietario de una fábrica de productos de cuero.

Javaid encabeza una visita guiada a estas fábricas, donde miles de profesionales autómatas cortan las planchas de cuero sintético, trocean los balones en hexágonos o pentágonos, plasman la serigrafía, secan la pintura, dividen las piezas o las cosen a golpe de aguja, hilo y dedal.

Estos protagonistas ocultos del mundo del fútbol cosen el balón mediante una técnica tradicional que comienza por la parte exterior de la bola y concluye en el difícil hilvanado de la última pieza con la manipulación de una aguja en el interior del esférico.

Antes de llegar a los pies de Messi o Cristiano Ronaldo, decenas de miles de ejemplares son sometidos a diario en laboratorios a controles de calidad para supervisar la presión, el bote, la impermeabilidad y la forma.

De la gran fábrica de Sialkot sale el balón de Adidas de la actual edición de la Liga de Campeones -motivo de alguna controversia entre los porteros por el efecto que toma- o la réplica del balón oficial del próximo Mundial de Sudáfrica.

Según los empresarios de Sialkot -que negaron la existencia de explotación infantil en las fábricas, tal y como sucedía décadas atrás-, entre el 80 y el 90 por ciento de los millones de balones de gran calidad que se venden anualmente se fabrican en Pakistán, la mayoría de ellos en esta ciudad y sus aledaños.

Pero en los últimos años China ha emergido como un posible competidor.

"El año pasado fue malo, pero ha comenzado la recuperación y ahora hasta julio estamos al completo. Parte de la producción se ha ido a China y con los balones de baja calidad podríamos tener problemas. Aunque aquí la mano de obra es más barata, ellos nos ganan en productividad", expone Khawaja Masood Akhtar, presidente de la compañía Forward Group.

Otros empresarios consideran que China no puede competir con Pakistán en el ámbito de los balones de mejor acabado, cuyo precio a pie de fábrica es de unos seis dólares, unas siete veces menos que su coste en los comercios occidentales.

"Si tuviéramos estabilidad política en este país, nadie podría competir con nosotros. Somos sinceros y todavía somos muy baratos, pero... ¿qué podemos hacer si no tenemos electricidad varias horas al día?", se lamenta con una sonrisa el guía Javaid, en alusión a los continuos cortes de suministro que sufre Pakistán.

EFE

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