Lo bueno, lo malo y lo feo de la Primera B en la temporada 2009
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Lo bueno, lo malo y lo feo de la Primera B en la temporada 2009

Decidida la permanencia del Deportivo Pereira en la A y la del Atlético Bucaramanga en la B, cayó el telón de la temporada 2009 en el torneo de ascenso. Es la hora de los balances.

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23 de diciembre 2009 , 07:33 a.m.

El balón comenzó a rodar el sábado 31 de enero y apenas se detuvo en la noche del jueves 17 de diciembre, diez y medio meses más tarde, cuando el árbitro Wílmar Roldán marcó el final del partido entre 'matecañas' y 'leopardos' en el estadio Hernán Ramírez Villegas, de la Perla del Otún.

Cortuluá se consagró como campeón, Deportivo Pasto fue condenado al descenso y ocupará su lugar en 2010 y, de nuevo, la Promoción fue favorable para el equipo que intentaba sostener la categoría.

Fueron, en total, 56 partidos que llevaron emociones a un público entusiasta que principalmente en las capitales intermedias pudo disfrutar del que algunos llaman 'el mejor espectáculo del mundo'. Jóvenes figuras en proyección, grandes dificultades económicas, veteranos con ánimo de reencauche, aceptable nivel de los arbitrajes y la presencia de nuevos patrocinadores son algunas de las notas destacadas del torneo de ascenso. Este es el recuento de lo más destacado de la temporada, lo bueno, lo malo y lo feo:

Lo bueno

- El nivel del torneo, en general. Claro, hubo equipos buenos, regulares y de los otros, como en cualquier campeonato, pero la mayoría realizó un gran esfuerzo para presentar nóminas competitivas. Itagüí, Bucaramanga, Rionegro y Cortuluá fueron los elencos más destacados de la temporada, los que protagonizaron los hechos más destacados.

- La propuesta futbolística de la mayoría de conjuntos. En la Primera B, salvo contadas excepciones, no se juega a defender el resultado, sino a buscarlo a pesar de las limitaciones que se puedan ofrecer. Casi todos los técnicos se preocuparon por practicar un fútbol ofensivo, con buen trato del balón y esquemas sueltos. Uno que otro eligió la llamada 'táctica vampiro' (colgarse de los palos del arco), pero así les fue: quedaron en el fondo de la tabla de posiciones.

- La aparición de dos potenciales goleadores, una especie en vías de extinción en el fútbol colombiano y, sobre todo, el mal endémico de la Selección. Hablamos de Humberto Segundo Osorio y Marlon Francisco Díaz, que se lucieron con los colores del Atlético Bucaramanga, uno en cada semestre. El costeño, propiedad del América de Cali, fue colíder de goleo en el primer semestre, con 11 tantos, y luego pasó al Cúcuta Deportivo, en el que no contó con suerte.

- Díaz, por su parte, surgió precisamente para llenar el vacío dejado por aquel. En el segundo semestre convirtió 14 anotaciones y compartió honores con Edwin 'Alpinito' Carrillo, del Unión Magdalena, el máximo anotador de la campaña (20 goles). El santandereano, de solo 19 años, se convirtió en una de las gratas revelaciones del torneo y demostró que en el país sí hay buena materia prima.

- La fiesta en las ciudades intermedias. Si bien hay algunas como Bogotá, Bucaramanga y Santa Marta, más ligadas a la máxima categoría que al ascenso, el torneo de ascenso es, sin duda, un gran aliciente y una necesaria fuente de recreación para poblaciones como Tuluá, Sincelejo, Villavicencio, Rionegro, Barrancabermeja, Zipaquirá y Palmira, entre otras, que poco a poco crean afición y, sobre todo, despiertan sentido de pertenencia por sus equipos. El fútbol en función social.

- La presencia de mujeres y niños en los estadios. Marginados de los partidos de la Primera División por la creciente e incontrolada violencia, estos grupos de hinchas, que le dan colorido al espectáculo y que constituyen una manera distinta de ver el fútbol, tienen todavía un espacio para la recreación sana y en paz en los partidos de la Primera B. Hay que cultivarlos y, sobre todo, cuidarlos para que cada vez sean más.

- El nivel del arbitraje. En un fútbol como el colombiano, en el que las equivocaciones de los árbitros son pan de cada día, motivo de constante polémica, resulta refrescante que la Primera B sea la excepción que confirma la regla. En general, y salvo algunos casos puntuales, el torneo de ascenso se ha convertido en un banco de pruebas a través del cual se forman y surgen nuevos réferis. Tanto los centrales como los asistentes mantuvieron un buen nivel a lo largo de la temporada.

- Equipos como Atlético La Sabana y Real Santander, las gratas revelaciones de 2009. Si bien brillaron con mayor intensidad en el segundo semestre, sucreños y santandereanos demostraron que sin nóminas costosas, con trabajo de base y muchas ganas también es posible llegar a los primeros planos. Los costeños alcanzaron la final de la Copa Premier II, tras dejar en el camino a los favoritos Itagüí y Rionegro, pero sucumbieron con Bucaramanga. Los de Floridablanca avanzaron a los cuadrangulares por primera vez en tres años de existencia y mostraron jugadores interesantes como Sergio Romero, Sergio Luna y Óscar Álvarez, entre otros.

- Los menores de edad. Para varios de los equipos participantes en el torneo de ascenso, incluir sub-17 y sub-18 en sus nóminas no es un inconveniente. De hecho, ellos lo asumen como la posibilidad de exhibir en la vitrina los productos de su cantera y, a largo plazo, lograr una venta que equilibre la balanza económica. Y, a diferencia de lo ocurrido en la Primera A (recordar casos de La Equidad y Santa Fe), no hubo casos de corrupción.

Lo malo

- Las dificultades económicas, de las cuales ninguno de los 18 participantes de la categoría está exento. Los pagos atrasados son la comidilla diaria en estas instituciones, cuyo recaudo por taquillas es mínimo y sobreviven únicamente de los aportes de las entidades gubernamentales regionales y de los patrocinios. Pero, claro, los convenios no son cuantiosos y, muchas veces, no se cumplen a cabalidad. Para la mayoría, el día a día se va en administrar pobreza.

- La presencia de público en los estadios. Varios equipos, de hecho, juegan a puerta cerrada debido a los altos costos de la logística exigida por la Dimayor y otros dan entrada libre (gratis). Entonces, no hay posibilidad de obtener ganancias por entradas y, de igual manera, esto repercute en una creciente dificultad para conseguir patrocinios. Un difícil círculo vicioso que todavía no ve la luz al final del túnel. La excepción se da en las instancias finales, cuando el interés deportivo está por encima de cualquier consideración.

- La difusión a través de los medios comunicación de alcance nacional. Si bien en los medios locales es una obligación seguir a sus equipos, la televisión y la prensa, principalmente, hacen caso omiso de las actividades de la Primera B. Otro cuello de botella que, sin duda, afecto la consecución de patrocinios y que impide que el buen trabajo que realizan varios de los equipos se conozca en otras latitudes. Ni siquiera las páginas web oficiales contienen la información esperada.

- La moda de los reencauches, que está pasada de moda. Si bien se concibe que los buenos equipos son, en la mayoría de los casos, la adecuada mezcla de juventud y experiencia, el aporte de los veteranos en la Primera B dejó mucho que desear en 2009. Wálter Escobar, Sandro Zuluaga, Rubén Darío Velásquez, Daniel Gamarra, Iván López y Arnulfo Valentierra fueron, entre otros, los que trataron de reverdecer laureles y fracasaron estruendosamente. No pudieron cumplir con las expectativas y, más bien, terminaron abucheados en cada una de las plazas que visitaron con sus respectivos equipos. Una mala inversión que terminó en el bote de la basura.

Lo feo

- La violencia de los mal llamados hinchas, que no es un mal exclusivo de la máxima división del fútbol profesional colombiano. Especialmente los seguidores de elencos que jugaron alguna vez en la A, como Unión Magdalena, Bucaramanga y Centauros, se dedican a viajar por todo el país a dar muestras de su falta de cultura. Insultar y 'apretar' a los jugadores, así como protagonizar desórdenes y provocar daños en bien ajeno son sus estrategias preferidas para 'alentar' a su equipo amado. Las autoridades nacionales y deportivas, como es habitual, hacen caso omiso de este fenómeno que lentamente toma fuerza.

Carlos Eduardo González
Especial para FUTBOLRED

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