En Atlético Nacional, los jóvenes son el presente y la promesa del futuro
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En Atlético Nacional, los jóvenes son el presente y la promesa del futuro

Ramón Cabrero se la jugó con ocho Sub-23, fiel a la filosofía con la que triunfó en Lanús. "Nacional no puede traer ocho jugadores cada torneo. Tiene que consolidar los jóvenes," dijo.

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01 de diciembre 2009 , 07:54 a.m.

No es generación espontanea ni mucho menos. Son un puñado de 'pelaos' que emergieron en el momento preciso, cuando apareció un veterano de abundantes canas traído del sur que los apadrinó y les dio confianza. "Lo ven como un sabio, le creen y lo respetan mucho," dijo un allegado a los jugadores del 'verde'.

Y es que solo por enumerar: Cardona (16 años), Berrío (17), Ibarbo (19), Devoz (20), Iglesias (21), Palomino (21), Bermúdez (22), Moreno (23). Atrás esperan Stefen Medina (16), Daniel Santa (17), Daniel Arango (19), Wbeimar González (19), Freddy Machado (21)... el abuelo le cree a su nietos y ellos a él.

El timonel hispano argentino, conocido por su devoción hacia las 'canteras', tenía muy claro sus objetivos cuando llegó a Medellín el pasado 22 de mayo. "Estaría conforme si en los primeros seis meses estamos dentro de los primeros cuatro y promovemos algunos jugadores jóvenes", dijo en la rueda de prensa cuando fue presentado.

Al margen del resultado final del Verde en el Finalización, el D.T. consolidó una nómina que tiene un promedio de edad de 23.8 años afianzando en primera a varios juveniles como Jair Iglesias, Víctor Ibarbo o Jairo Palomino. En una nota con el Diario Olé antes de venir a Colombia, explicaba:

"Pa-cien-cia. A los jugadores hay que aguantarlos. Los dirigentes de Lanús nunca se volvieron locos. Yo sabía que, aunque perdiera, no me iban a echar. En mi primer torneo, no te olvidés, estuve a cuatro puntos de la Promoción. A muchos clubes les falta convicción".

Claro que el voto de confianza de Cabrero se dio porque encontró materia prima y un futuro prometedor cuando escudriñó las canteras del club. Con escuelas desde el Amazonas hasta Urabá, el conjunto antioqueño consolidó un proyecto institucional que va de la mano con el apoyo que le brindan a los que deslumbran, para que debuten en primera división.

 "En la medida en que los muchachos tengan continuidad y se les brinde confianza, es lógico que van a responder. Es un camino que apenas inician. Les falta mucho por  aprender, por seguir viviendo y entendiendo lo que significa la presión de jugar en la alta competencia y en Nacional donde además de ganar, se tiene que jugar bien", explicó Norberto Peluffo, director de las divisiones menores del club antioqueño.

Muestra de lo anterior, es la consolidación de Segundo Víctor Ibarbo. Aquel talentoso volante caleño que fue reprochado por la afición al comienzo del torneo y ahora se erige como una de sus grandes figuras. 

"Cuando no me pone (el técnico Cabrero) me explica porque no voy a jugar y eso me llena de confianza. Ahora se está haciendo un buen trabajo, tanto individual como colectivamente. Víctor Ibarbo es un joven. Recién viene jugando en la profesional. Hay que darle espera pero viene de menos a más porque tiene continuidad y la confianza del técnico", declaró el larguirucho carrilero verdolaga con quien el ex técnico de Lanús está sorprendido.

Aunque en fútbol nada funciona como una fórmula matemática, el buen jugador, que recibe confianza y tiene continuidad a pesar de sus errores, generalmente triunfa. Dos casos lo confirman: Aquivaldo Mosquera y Jackson Martínez. Cabrero simplemente, aplica la regla de tres y apadrina como buen abuelo, la buena camada del Verde.

Juan Diego Ortiz Jiménez
Especial para FUTBOLRED

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