Los hinchas sudafricanos ponen ritmo, ruido y arte a la Copa Confederaciones
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Los hinchas sudafricanos ponen ritmo, ruido y arte a la Copa Confederaciones

Sonidos de "vuvuzelas", tubos de plástico de colores, decenas de miles de pies golpeando las gradas al mismo tiempo y cantos "guerreros" acompañan el ritmo del juego.

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12 de junio 2009 , 06:28 a. m.

Más allá de que el lleno total de los estadios no sea una garantía en la Copa Confederaciones, la afición sudafricana asegura poner ritmo, hacer ruido y desplegar arte en sus disfraces para alentar a los 'Bafana Bafana' y dar color al torneo antesala del Mundial-2010.

Una vez que la selección sudafricana pone el balón en movimiento, las tribunas estallan con cantos y bailan al ritmo de trompetas ensordecedoras de un metro de largo.

Sopranos y barítonos improvisados se responden antes y durante del partido, armando un clima festivo que con frecuencia termina hasta una hora más tarde.

Los aficionados sudafricanos adoran pensar que intimidan al adversario con ese comportamiento. Aunque en realidad, el resultado es una gigantesca celebración colectiva.

"Silbamos de la manera más enérgica posible en los vuvuzela, cantamos y gritomos con toda la fuerza posible", dice Themba Tsietsi, un aficionado al fútbol de 35 años.

"Es agotador, pero vale la pena cuando tu equipo gana", agrega.

Una semana antes del pistoletazo de inicio, el domingo, de la Copa de las Confederaciones, que servirá como ensayo general de la Copa del Mundo-2010 en Sudáfrica, Themba llegó a "su" estadio para apoyar a los Bafana Bafana (Los Muchachos, en zulú), que juegan contra Polonia en un partido amistoso de preparación en la localidad de Soweto, al sur de Johannesburgo.

"Soy el hincha número uno," clama, sin dar importancia al resultado del once sudafricano.

Si bien cada aficionado se vista a su antojo para ir al estadio, el uniforme más característico incluye un vuvuzela y un casco de obrero, decorado, que se llama makarapa.

Los expertos de fútbol no conocen a ciencia cierta la verdadera explicación de por qué los vuvuzelas se ven por todos lados en los estadios, aunque parecen modernos derivados de cuernos de antílope, alguna vez usados para juntar a la gente en las aldeas, según Pedro Espie-Sanchis, especialista en música tradicional.

En el caso de las makarapas, la explicación es mucho más práctica: cascos que se utilizaban para proteger la cabeza de las botellas arrojadas al aire, por algún aficionado emocionado al ver un gol o un buen regate.

Estos han terminado por constituirse en objetos de orgullo que "reflejan el ingenio de la cultura sudafricana de fútbol, que termina expresando una verdadera obra de diseño", dice Michael Souter, diseñador que ha creado un proyecto comunitario con esculturas con cascos de plástico.

"La realización de una makarapa puede tomar de tres a cuatro días de trabajo. Y cada una es única", agrega.

AFP

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