El historial de locuras del polémico Fernando 'Pecoso' Castro
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El historial de locuras del polémico Fernando 'Pecoso' Castro

Un recuento de las acciones reprochables y discutidas del DT, a lo largo de 46 años de carrera.

13 de febrero 2015 , 08:29 a.m.

Es un padre autoritario, o por lo menos así se comporta Fernando ‘Pecoso’ Castro, el técnico del Deportivo Cali. Muestra de ello fue en la pasada noche del miércoles, en Barranquilla, durante el juego en el que él y su equipo vencieron 1-2 a Uniautónoma, en la tercera fecha de la Liga.

‘Pecoso’, que ese día cumplió 66 años, protagonizó un hecho particular en los minutos finales del partido. Todo se originó cuando el volante del Cali Juan Carlos Guazá quedó tendido en el terreno tras un choque con un rival.

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‘Pecoso’, desesperado, pidió a los voluntarios de la Cruz Roja que ingresaran al campo, pero estos le dijeron que debían ser autorizados por el central, Nicolás Gallo. De inmediato, ‘Pecoso’ reaccionó con furia, agarró la camilla y la lanzó a la gramilla.

Finalmente, Guazá fue atendido y, antes de reanudarse las acciones, Gallo expulsó a Castro.

En la rueda de prensa, Castro explicó lo sucedido, reconociendo que el árbitro tenía la razón, pero que él se preocupó cuando escuchó decir a Guazá que se había fracturado.

“Guazá gritaba ‘me fracturé, me fracturé’. No era una excusa para quemar tiempo, lo que quería era que auxiliaran al jugador. ¿O es que tiene que estar muerto para que lo atiendan? Yo no sé cómo responden estos señores (personal de apoyo de la Cruz Roja) ante un accidente”, afirmó Castro.

Este es el show más reciente (seguramente no el último) del ‘Pecoso’, que, como jugador y entrenador en 46 años de carrera, ha sido un personaje impulsivo, escandaloso y no santo. Incluso, ha llegado a violar las normas del fútbol y del juego limpio, por lo que lo han suspendido y multado muchas veces.

Como le sucedió en la Copa Libertadores del 2003, cuando el DT dirigía al América y se enfrentó en los cuartos de final al River Plate. El partido iba 3-1 y los colombianos avanzaban, pero los argentinos apretaban y fue ahí cuando ‘Pecoso’ le haló el pelo a Claudio Husaín. Finalmente los ‘rojos’ ganaron 4-1.

¿Es duro? Sí, pero no como un sargento del ejército, sino como el papá exigente que quiere que sus hijos sigan una línea estricta. A veces su temperamento explosivo se malentiende, a veces lo lleva a cometer excesos.

Es implacable en el castigo, como el papá que les quita el dinero de la semana cuando se portan mal. A ‘Pecoso’ no le tiembla la mano para ordenar a los jugadores a pedir su liquidación. Todo, si no cumplen.

Esa autoridad que demuestra parece ser un arrepentimiento de todas las acciones que hizo como jugador. En 1977 llegó al Cali después de jugar en el Caldas. Se encontró con el que sería uno de sus grandes maestros como técnico: el argentino Carlos Bilardo. De él aprendió el rigor del director técnico. Bilardo le pasaba en un papel todas las características del rival: cómo jugaba, cómo lo iban a marcar... También aprendió mañas y trampas. Bilardo, fiel alumno de la escuela de Estudiantes de La Plata, le enseñó timos que ellos aplicaban, como pinchar a los rivales con alfileres o tirarse al piso para simular lesiones.

Mañas y trampas

En ese año, Cali se enfrentó a Boca Juniors en la semifinal de la Copa Libertadores. En el equipo ‘xeneize’ estaba Ernesto Mastrángelo, un peligroso puntero derecho. Además de golpear (porque pegaba), Castro le puso Vick Vaporub en los ojos. Mastrángelo salió lesionado...

“Yo no les dije nada. A veces los jugadores hacen cosas que el técnico no sabe. ¿O vos te crees que en aquel Estudiantes todo lo que hacíamos en la cancha era orden de Zubeldía? No, él indicaba el estilo de juego, pero lo demás corría por cuenta nuestra”, explicó Bilardo en ese entonces.

En otro juego, un puntero izquierdo le estaba haciendo pasar trabajos. ‘Pecoso’ se quitó una canillera y la tiró al piso. Luego comenzó a gritarle a Gilberto ‘Mecato’ Aristizábal, que era el árbitro: “¡‘Mecato’: un cuerpo extraño, un cuerpo extraño...!”. Sin saber si reírse o pegarle, el juez le sacó la tarjeta amarilla...

Pero no es la única situación que ha tenido. En 1999, cuando llegó a Santa Fe, sentó a los directivos y les puso a hacer su nómina. Al final les dijo: “Esta es la última vez que hacen la titular; el técnico soy yo”, dijo en aquella ocasión.

Y el año pasado, cuando dirigía al Huila, tras un 0-0 con Santa Fe, en Bogotá dijo: “Que mañana y tarde ya no se trabaja. ¿Los bancos trabajan solo por la noche no más? No; trabajan día y noche. Los periodistas trabajan día y noche. El ser humano trabaja día y noche. ¿El fútbol no trabaja así? Para mí el fútbol es una profesión sagrada, hay que respetarla. Yo puedo planificar un entrenamiento en la mañana, pero se me llenan los moteles y se acaban el ron y el aguardiente en Neiva”, expresó.

El técnico

Pegaba y era mañoso, pero a Castro le alcanzó para llegar a la Selección de la mano de Bilardo. Era muy parecido a Gerardo Bedoya: buen marcador, sin mucha salida. Avanzaba hasta la mitad de la cancha y de ahí tiraba el centro, recordaba su compañero William Ospina. Luego estuvo en Santa Fe y colgó los guayos en el Quindío (1986).

Una tarde de febrero de 1987, el Quindío entrenaba tranquilamente en el recién inaugurado estadio Centenario. De pronto, el técnico argentino Norberto Claudio Bautista se llevó las manos al pecho. Murió en la cancha de un infarto fulminante. Los directivos llamaron al ‘Pecoso’ para reemplazarlo.

Desde entonces, Castro vive los partidos y los entrenamientos al borde del infarto. Una vez se le fue la mano. Fue en un entrenamiento del Cali, en el año 96. Los jugadores no le hacían caso. Pecoso se tiró al piso y puso su mano derecha en el pecho, sobre el corazón. Los jugadores comenzaron a rodearlo e incluso ya estaban pidiendo una ambulancia. Castro se puso de pie y les dijo: “¿Si ven lo que me puede pasar si ustedes no me hacen caso?”.

Dicen que en eso se parece mucho a Bilardo, que veía los partidos en condiciones muy cercanas a la epilepsia, incluso insultándose a sí mismo.

Es regañón, pero al fin y al cabo sigue siendo un padre para sus jugadores. Por pelear los sueldos para ellos se tuvo que ir del Medellín. Siempre les entregó todo el reconocimiento a los futbolistas, como la tarde del 14 de julio del 96, cuando el Cali salió campeón después de 21 años. Su único título como DT. Él estaba suspendido y vio el partido en la tribuna. Cuando se acabó, le abrieron una puerta y saltó a la pista atlética. Cuando los periodistas le cayeron encima, gritó: “Vayan con los muchachos que ellos fueron los que ganaron”.

Genio y figura, hasta la sepultura. Ahora hizo una que le faltaba: ‘Pecoso’ tiró una camilla al campo...

Redacción DEPORTES

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