La fiesta verde en el Atanasio Girardot no tuvo un final feliz
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La fiesta verde en el Atanasio Girardot no tuvo un final feliz

Tras un primer tiempo clave que jugó Nacional, llegó el gol de Pisculichi, que amargó a los locales.

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04 de diciembre 2014 , 04:06 a.m.

Un ambiente de fiesta se vivió en el Estadio Atanasio Girardot desde el miércoles en la mañana con motivo de la final de la Copa Suramericana entre Atlético Nacional y River Plate.

Dos horas antes del encuentro el escenario se veía prácticamente lleno, salvo en la Tribuna Sur, que, como de costumbre, solo llega a su aforo completo minutos antes del compromiso.

A falta de diez minutos se preveía que la ansiedad que habían manifestado los ‘verdolagas’ desde días atrás estaba a punto de llegar a su fin, pues el “sale campeón” emergía con fuerza desde cada una de las graderías, ya abarrotadas de espectadores.

El ‘verde’ salió a la cancha y los asistentes al escenario estallaron en júbilo, los flash de las cámaras se confundían con luces pirotécnicas, al paso que el sonido de los tacos se hacía cada vez más fuerte, paralelamente con la lluvia de royos de papel.

Los hinchas antioqueños sabían que su equipo se jugaba uno de los partidos más importantes en el Atanasio y no estuvieron por debajo de las expectativas al protagonizar una salida sin precedentes y con poco que envidiarle a la que se vio en La Bombonera, en la semifinal entre Boca y River.

Así llegó el pitazo inicial, aunque no antes de que el viento hiciera lo suyo y despejará la humareda que dejó la pólvora, que de paso se convirtió en el lunar de la noche, pues generó una grave quemadura a un hincha de Norte, según lo anunció, a través de su cuenta de twitter, el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa.

Se movió la redonda

Con el inicio del encuentro, el “Vamos Nacional queremos la Copa” se encoraba desde Sur y se regaba por cada una de los rincones del escenario, excepto por la tribuna Norte en su límite con Oriental, donde se ubicaron los “1.000 hinchas de River” que asistieron al encuentro, según le confirmó a Futbolred el gerente de mercadeo de Atlético Nacional, Juan José Zurek Salas.

Entre tanto, en Occidental dos policías que observaron el encuentro parados generaron malestar entre algunos espectadores a quienes les obstaculizaba la visual. El represente de la Ley indicaba que solo estaba cumpliendo con su labor, mientras que los hinchas argumentaban que habían pagado $150.000 por una boleta para observar un partido.

'Teo', un forastero más

Mientras que superaba el impase en el resto de las graderías la fiesta seguía aunque más moderada, pues pasaban los minutos y el local generaba opciones pero no concretaba.

El famoso “Porropopo Porropopo, el que no salte…” y su respectiva terminación no apta para los medios, y con terminación en alusiva a los argentinos, se escuchaba con frecuencia a la par con los silbidos y los “madrazos” para el delantero cafetero al servicio de la ‘banda cruzada’, Teófilo Gutiérrez, quien durante el partido fue tratado como un forastero más.

Pero el júbilo que no se sentía desde la salida, volvió a aparecer al minuto 34 cuando Orlando Berrío sacó un ‘latigazo’ que le dio la ventaja a su equipo. Así, el eco indicaba con fuerza... “Hoy te venimos a ver, te venimos alentar…”, ambiente de alegría que se extendió hasta el cierre del primer periodo.

Pisculichi aguó la fiesta

El silencio del intermedio permitió escuchar una de las trasmisiones radiales argentinas, en la que decían “River tiene que atacar más”. Y los dirigidos por Gallardo parecieron escuchar esta indicación y en el inicio de la etapa complementaria aumentaron su disposición ofensiva y empezaron a aguar el festín de los antioqueños.

No obstante, los verdes aún estaban tranquilos, tanto así que despidieron entre aplausos a Jonathan Copete, quien no goza de la aceptación de gran parte de la afición.

Una humareda en el sector Norte generada por los aficionados locales pareció aminorar la arremetida de los de River, pero solo por unos instantes, pues al minuto 21 Leonardo Pisculichi sacó un remate de media distancia y decretó la paridad.

La noche se volvió oscura para los paisas y de ahí en adelante quedó poco por conta. Fueron constantes las tocadas de manos en la cabeza, las uñas sobre la boca y otros gestos de impotencia, pues el fútbol exhibido en la primera parte por el ‘Rey de Copas’ no volvió a aparecer y por ende el festín de la tribunas tampoco, por lo que los aficionados debieron marcharse para sus casas con el sin sabor del empate (1-1) y quizá pensando que “le faltó la cereza al pastel”.

 

Jaider Escobar Buitrago
Corresponsal de Futbolred
Medellín.
En Twitter: @Jaider_Escobar

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